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Este 19 de febrero, los ecuatorianos tendremos la oportunidad de elegir a los candidatos que queramos que sean los próximos gobernantes de nuestro país. Cada ciudadano elegirá al postulante que prefiera, según sus principios, ideologías, valores, etc. He aquí la importancia de pensar en el voto católico como nuestra opción ante las urnas.

En la actual campaña política, tenemos candidatos de varias ideologías y/o creencias. Personajes políticos que tienen propuestas desde la legalización de la pena de muerte, el aborto, el matrimonio civil igualitario, hasta la instauración de días festivos conforme la Biblia, la penalización del aborto eugenésico, entre otros.

Política y fe, ¿son compatibles?

Cuando mencionamos política y fe, lo que nos viene a la mente son temas como la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, de la familia fundada entre un hombre y una mujer y los derechos de libertad, especialmente la religiosa. Estos, son tres puntos fundamentales de toda campaña política que merecen su total dedicación y debate público. Tres temas básicos, fundamentales y que merecen el respeto y promoción de los presidenciables y asambleístas.

¿Pensamos nuestro voto como cristianos?

Por lo tanto, estimado lector: ¿se ha preguntado si su candidato a presidente y/o a asamblea cree lo mismo que usted? ¿Se ha preguntado si su voto es coherente con lo que usted cree y/o predica? ¿Se ha preguntado si su voto es coherente con su fe?

Los cristianos estamos llamados a elegir de manera responsable y ética (Conferencia Episcopal Ecuatoriana, 2017). No podemos ser indiferentes a la realidad social y política del país. Tampoco podemos coadyuvar (con nuestro voto) a que determinados actores políticos fomenten y/o impongan políticas que atenten contra la vida humana, la familia y la libertad.

La obligación de todo cristiano

En el 2013, en un encuentro de alumnos y ex alumnos de colegios jesuitas procedentes de Italia y Albania, uno de los presentes le preguntó al Papa Francisco cómo podían hacer que su trabajo sea más evangélico. El Sumo Pontífice fue muy directo, y respondió así:

Involucrarse en política es obligación de todo cristiano. Nosotros no podemos jugar a ser Pilato, lavarnos las manos. No podemos. Debemos involucrarnos en la política… -(Aciprensa, 2013).

Querido lector, involucrarse en política no solo equivale a ser candidato, sino también a participar votando de manera responsable por el futuro del país. Esto se logra, eligiendo coherentemente a los actores políticos que defiendan los mismos principios y valores que tú consideras fundamentales.

Hay que ser coherentes con nuestra fe

Decía un personaje defensor de los derechos humanos y libertades:

No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos

Si nosotros los electores, tenemos en nuestro poder, la posibilidad de elegir actores políticos coherentes, honestos y respetuosos del derecho a la vida desde la concepción, de la familia y de la libertad, es nuestro deber moral y ético apoyarlos con nuestro voto. Si no los elegimos, si nuestro voto no es coherente con lo que creemos, entonces tendremos una gran deuda para con el país y con Dios.

Cuando un candidato defiende la legalización del aborto, la eutanasia, éste no respeta al ser humano, porque no respeta la vida. Si promueve ideologías que destruyen la sexualidad, la inocencia de los niños y el matrimonio, éste no respeta a la familia. Chesterton decía: “Quien destruye la familia, no sabe lo que hace porque desconoce lo que deshace”. Si se trata de principios, no podemos claudicar.

Manifiesta tu fe en las urnas

Es por esto, que te animo a que te intereses más por saber que piensa tu candidato presidenciable y/o asambleísta. Instrúyete sobre cuáles son sus propuestas, sus opiniones, para así concluir si ese actor político merece tu apoyo.

Finalmente, quiero terminar este artículo citando al Papa Francisco: “La política está muy sucia. Pero yo me pregunto… está sucia ¿por qué? Porque el cristiano no se involucra con espíritu evangélico”.

Querido lector, medita tu voto, ¡que tu voto sea por la coherencia!

Por: Ángel Eduardo Gaibor

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