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50 parece un número grande, pero cobra otro sentido cuando lo vemos como una gran oportunidad que tenemos en la mano y no como “la repetición de la repetidera”.

En nuestra vida, existen ciertas situaciones que queremos que marchen bien: la familia, el trabajo, los estudios, nuestra relación sentimental, etc. Sin embargo, nunca faltan momentos que nos causan preocupación o tristeza: una enfermedad, pérdida de un ser querido, crisis familiares y económicas, e incluso, situaciones globales como las guerras del mundo, el tráfico de personas, el genocidio, el terrorismo. En fin, muchas circunstancias que, sin duda, se convierten en motivos por los que podemos rezar.

Así es querido lector. Tenemos tanto por qué rezar y pedir a Dios para que obre e intervenga en situaciones personales y globales.

En el titular coloqué “50 oportunidades”, porque con ello, he querido hacer alusión a una herramienta con la que contamos los católicos. Una herramienta buena y rápida con la que podemos rezar por cada una de nuestras intenciones: el Santo Rosario. Sí, el Santo Rosario, aquella oración que pensamos que solo está destinada para las abuelitas, las monjas o los sacerdotes.

Podemos pensar que el Rosario es la “repetición de la repetidera”, pero si tomamos conciencia que representa 50 oportunidades -sí 50- por las que podemos rezar,  entonces adquiere otro sentido.

Es cierto que rezamos 50 Avemarías, pero lo increíble es que son 50 razones por las que podemos orar y pedir por nuestra familia, trabajo, amigos, el Ecuador (o tu país de residencia), y un sinnúmero de peticiones. Es como una relación de enamorados en la que el chico y la chica no se cansan de repetirse  tantas  veces cuánto se aman, y no se cansan de hacerlo porque cada vez que lo dicen, lo hacen con todo el corazón como si fuera la primera vez. Asimismo, cuando repites una y otra vez las oraciones del Santo Rosario, también le estás diciendo a Dios y a la Virgen María que los amas y pidiendo, al mismo tiempo, por aquella intención que más inquieta tu corazón.

Rezar el Rosario toma unos minutos, pero sus beneficios no se pueden medir ni contar. Te comparto que en un retiro espiritual fue donde aprendí a rezarlo y adquirí el hábito de hacerlo todos los días. Fruto de ello, hoy doy testimonio de los grandes milagros que Dios hizo, a través de esta herramienta, en mi vida y la de mi familia. Uno de ellos fue la reconciliación de mis padres, quienes por más de cinco años estuvieron separados. Recuerdo que en varias ocasiones mientras me encontraba rezando en mi cuarto, escuchaba cómo discutían fuertemente. Parecía que todo estaba perdido y que no habría solución alguna. Nunca dejé de rezar el Rosario, ni un solo día, y después de tanto tiempo llegó la reconciliación.

Como jóvenes que somos, estamos llamados a hacer grandes cambios en este mundo. Cambios que pueden llegar tanto por el emprendimiento de acciones físicas como por acciones espirituales. Es por esto que te animo a ti querido(a) joven, a que no tengas miedo de rezar el Santo Rosario; tan solo te tomará veinte minutos hacerlo, y créeme que ese tiempo no pasará en vano y será provechoso.

Cuando tengas problemas, reza. Cuando todo parezca perdido, reza. Cuando te falte virtud, reza. E incluso, cuando todo esté bien, reza. Solo la oración constante y llena de fe podrá sacar de Dios la intención que más deseas.

Es probable que en este momento estés pasando por alguna dificultad personal por la que luchas cada día. Si esto es así, entonces es la oportunidad para que le des uso al Rosario de tu carro, que está esperando ser rezado; y si no lo tienes, ¡es tiempo de conseguir uno!

Nunca te canses de pedir a nuestro Padre Dios, recuerda que “A todo el que pida, se os dará” (Mt 7,7).

Por: Ángel Eduardo Gaibor

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