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"Siento que te perdieras la oportunidad de ser padre", dice, rota de dolor.

El tema del aborto es tratado aquí y allá como una cuestión de si los derechos son de la mujer o si los derechos son del niño. Pero hay un gran olvidado en este asunto, a quien prácticamente no se le da voz: el padre de la criatura.

Por una parte hay quienes ni siquiera consideran la posibilidad de que el hombre pueda opinar sobre el aborto. “¿Acaso es él a quien le crece la tripa?”, dicen. Luego, en una postura menos radical, están quienes piensan que este puede dar su opinión pero apenas cuenta, pues la última palabra la tendrá siempre la mujer embarazada. Por último hay un grupo (más silenciado pero no por ello menos numeroso) que defiende el papel del hombre pues es el padre del niño, al igual que la mujer es la madre.

Muchos papás sufren en silencio la pérdida de su hijo.

De cualquier forma la realidad es una: cuando una mujer se queda embarazada y decide abortar, bien porque teme que su pareja le rechace si tiene el hijo o bien porque piensa que no están preparados para ser padres, el hombre sufre. Y muchas veces, se ve obligado a sufrir en silencio.

Existe bibliografía al respecto, como Fatherhood aborted. The profound effects of abortion on men (Paternidad abortada. Los profundos efectos del aborto sobre el hombre), de Guy Condon y Dave Hazard, y blogs especializados donde se recoge una tipología de hasta diez casos diferentes de situaciones del padre en relación al hijo abortado.

Entre ellos, el que corresponde al caso de la mujer que, profundamente arrepentida de haber abortado y de habérselo ocultado a su pareja (tanto la decisión que tomó como el momento en el que fue a abortar), le escribe una carta pidiendo perdón en un reciente post en Reddit, y que recoge LifeNews. Una carta que es, como mínimo, conmovedora.

“Al padre del niño al que aborté:

Tenía miedo de que me ofrecieras tu apoyo. Tenía miedo de que te pusieras de parte del niño. 

“Siento no haberte incluido en mi decisión. Debí haberlo hecho, y me arrepiento hasta el día de hoy. Me pasaba por la cabeza decírtelo. Todos los días… aún lo hace. Pero en mi camino pensé que (si no te lo decía) te protegería del pánico, del miedo y el pavor que yo sentía. Tienes que ver que estaba asustada.

“También tenía miedo de que pudieras hacerme cambiar de opinión. Tenía miedo de que me convencieras de que todo iba a salir bien. Tenía miedo de que me ofrecieras tu apoyo. Tenía miedo de que te pusieras de parte del niño. Tenía miedo.

“Me convencí a mí misma de que no tenía que confiar en ti, de que no tenías voz en esto. Estaba convencida de que no habría funcionado, de que ninguno de los dos estábamos hechos para ser padres.

“Estaba convencida de que me dejarías plantada si tomaba la decisión de tener al bebé. Estaba convencida de que serías como mi padre y de que yo tendría que hacerlo todo sola. Estaba convencida de que tú ya tenías tu vida y no querías la presión añadida de dos vidas más.

Siento no haber confiado en ti y no haber afrontado mis lágrimas. Siento que no tuvieras la oportunidad de decir ´adiós´…o incluso de decir ´hola´.

“Estaba convencida de que tenía razón, y de que no necesitaba tu opinión. Y lo siento. Siento que no lo hablara contigo, porque esa vida era una mitad de ti. Siento no haber confiado en ti y no haber afrontado mis lágrimas. Siento que no tuvieras la oportunidad de decir ´adiós´…o incluso de decir ´hola´.

“Siento que te perdieras la oportunidad de ser padre. Siento que no tuvieras opción.

“Tal vez te haya privado de una de las mayores alegrías de tu vida, tal y como me he hecho a mí misma. Y no hay palabras para describir lo cruel y egoísta que fui por tomar esa decisión sin ti… no hay palabras para expresar una disculpa con la mayor sinceridad. Por favor, perdóname.

“M.”

 

Vía Religión en Libertad

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