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Son nuestros hijos los encargados de crear un nuevo mundo. Por ello, tenemos el deber de entregarles las herramientas adecuadas para conseguirlo.

Estábamos en el colegio cuando uno niño se acercó a otro por detrás y lo hizo caer. No conforme con eso, fue en busca de su “grupo de amigos”. Le sostuvieron los brazos desde atrás, para que no pudiera defenderse, y luego las piernas, para que no pudiera moverse. Fue entonces cuando el niño agresor comenzó a golpearlo de manera enérgica, en su estómago. Buscábamos alguna explicación para esa actitud, pero no logramos encontrarla. No hubo comentarios mal intencionados, ni mucho menos golpes que desataran una reacción tan violenta El niño le pegó simplemente “porque quiso”.

Vivir en un entorno de violencia “naturalizada”

Desde pequeños, los niños están insertos en un entorno que permite esto argumentando “libertad de expresión o de defensa”. Pero, ¿de qué podría defenderse un hombre que golpea a una abuelita, o una mujer que abofetea a su hija? Incluso las agresiones verbales son actos de violencia y a veces no reparamos en ello.

Asumimos casi “normal” el hecho de vivir en un mundo donde la violencia es el medio para solucionar la mayoría de los conflictos.

Hoy en día los niños se encuentran expuestos además a la violencia que muestran los medios de comunicación, en especial la televisión. Ya no existen filtros para evitar que los menores de edad accedan a programas de contenidos no apropiados para su edad. Todo esto hace que nuestra labor como padres se vuelva más difícil, sobre todo cuando buscamos transmitir principios morales. Considero que algunos valores que debemos enseñar a nuestros hijos para cambiar el mundo son los siguientes:

Sencillez

No dejes de conocer a alguien solo porque no tiene los mismos estudios o recursos que tú has conseguido.

Perdón

Deja atrás el pasado para vivir el presente, sin resentimientos.

Respeto

Ser distintos es lo que nos caracteriza, no lo que nos divide.

Bondad

Haz el bien, sin importar a quién.

Sabiduría

Aprende a tomar la mejor decisión, en las peores situaciones.

Compasión

Si no puedes aliviar el sufrimiento ajeno, ayuda no generándolo.

Empatía

Antes de decir o actuar, ponte en el lugar del otro.

Responsabilidad

Hazte cargo de tus dichos, actos y pensamientos.

Honestidad

Decir la verdad siempre será la mejor decisión.

Humildad

Reconoce los propios errores y busca la forma de enmendarlos.

Si queremos un mundo mejor, debemos criar a nuestros hijos a través del ejemplo, con acciones que reflejen cada una de las virtudes que queremos inculcarles. Son ellos los generadores de un nuevo mundo, son la base del cambio. Ayúdales a ser lo que pueden ser y recuerda que, como dijo el Dalai Lama: “La paz comienza en el corazón”.

Vía Familias.com

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