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Jóvenes con problemas familiares y que carecen de un sentido de vida, buscan el suicidio como puerta de escape.

Desde la simple idea hasta el acto como tal, los suicidios están presentes cada vez en edades más tempranas en nuestra sociedad. Estos comportamientos son imperceptibles e indescifrables porque no se evidencian durante una consulta médica en su totalidad.

La conducta suicida es posible percibirla con mayor frecuencia en el aula de clases, siendo el lugar donde nuestros adolescentes permanecen más tiempo junto a sus compañeros y maestros. Por eso la preparación y la capacitación para detectarla en los afectados se convierte en un trabajo imprescindible. Basta con unos minutos de conversación para reunir información básica y conocer los factores de riesgo que pudieran presentar. De esta forma se podría llevar a cabo una modificación de ciertas conductas para evitar un suicidio.

El 25% considera  el suicidio como la solución a sus problemas.

Dentro de las formas o los métodos destacados en esta población se evidencia que la conducta más frecuente es el cutting, acto de cortarse la piel en las muñecas, antebrazos o muslos con objetos cortantes que sirvan para visualizar sangre como una vía de sensación de calma o inclusive de placer. Estos cortes, según han manifestado quienes han pasado por esta experiencia, pueden ir desde una laceración simple hasta una profunda producida por cortaduras previas.

Otra forma de intentar terminar con sus vidas, es con la ingesta de medicina que está a su alcance por distintos motivos, ya sea por un familiar que vive en la misma casa y está bajo un régimen farmacológico o por estar en tratamiento previo y tener al alcance la cantidad de medicina necesaria para cometer el suicidio.

Causas de esta conducta

En el Área de Vida del Instituto de Neurociencias, donde trabajo actualmente, he podido mantener una observación directa y permanente de chicos con esta conducta. En un período de seis meses, desde mayo hasta la actualidad, contamos con la presencia de 13 adolescentes de sexo femenino y cuatro de sexo masculino con esta tendencia suicida.

Son personas sin aspiraciones de  concluir proyectos de vida a futuro.

Estos jóvenes han manifestado que la depresión es el principal desencadenante del suicidio y en muchos otros casos sueles suceder de la misma forma. Son personas con autoestima baja o nula, sin aspiraciones de concluir proyectos de vida a futuro, con desinterés por cursar sus estudios llegando, incluso, a la deserción escolar. Estos comportamientos generan reclamos de padres frustrados y decepcionados, llamadas de atención de los maestros, e inclusive, expresiones de rechazo por sus compañeros de aula.

A esto se suma el incremento y fácil consumo de sustancias ilícitas que tienen a la mano y que actualmente son motivo de conflictos socio-culturales con una demostrable estadística de afluencia en las emergencias de los hospitales por los efectos letales que ocasionan.

En una encuesta realizada en algunos centros educativos de Guayaquil en septiembre de este año, como actividad por el Día mundial de la Prevención del Suicidio, se recogió información en la que se evidencia que el 25% de los adolescentes en algún momento de su vida han pensado en el suicidio como solución a sus problemas; el 2% aseguró presentar cutting como un método de escape a sus problemas y el 56% ha sido víctima de algún tipo de violencia en el hogar o centro de estudios.

¿Cómo prevenirlo?

Nuestros pacientes han tenido la valentía de demostrar que su reacción y postura es una expresión de malestar por conductas inadecuadas de los adultos, muchas de éstas  originadas en el hogar protagonizadas por sus padres o personas responsables de sus cuidados. En algunos casos, incluso, se trata de sus propios maestros, porque se rompió el límite del respeto y la sumisión, de la obediencia y de la prudencia precisamente en esta fase de los desajustes y cambios que conlleva la adolescencia.

Como medida preventiva a este incremento del suicidio en esta etapa del ciclo vital, hago un llamado a la comunidad educativa y de manera general a todos los que nos relacionamos con adolescentes. Mantengamos una constante formación para reconocer comportamientos que podrían detectarse en cualquier interrelación con los adolescentes, para así desarrollar estrategias de intervención oportunas y adecuadas. Fomentemos principios y valores que hacen del ser humano un ente solidario, respetuoso, generoso, con aspiraciones firmes y de conducta honesta consigo mismo y con los demás.

A los padres, familiares o personas encargadas de la formación y crianza de los adolescentes, mi mensaje es que trabajen por fortalecer caminos de comunicación efectiva y sólida que les permita contar con la confianza y seguridad de sus chicos.

 

 

Por: Carlota Manrique Suárez

Médica Psiquiatra

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