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Luego de pasar por situaciones bastante fuertes en lo personal, me he dado cuenta de las diferentes formas en que me ha amado mi padre.

Su apoyo constante

Ha sufrido con cada una de mis derrotas, me ha escuchado, consolado y ofrecido su hombro incontables veces. Sin decir una palabra de crítica, sin siquiera decir “te lo advertí”. Solo limitándose a mirarme, acariciar mi rostro para asegurarme que los corazones rotos no duran 100 años. Tal vez tu papá no te apoye en silencio. Tal vez sus palabras suenen a crítica. Créeme que de todas formas está tratando de decirte que te ama.

Creyendo en mí
Nunca ha cuestionado mis sueños. Es más, con su particular forma de ser, me ha alentado a correr tras ellos y las veces que me he quedado sin fuerzas, ha tomado mi mano y ha corrido conmigo.

Con sabiduría
Nunca aceleró ningún proceso de mi infancia, adolescencia y de mi adultez. Siempre me dijo que cada etapa tenía sus tiempos. Me dejó ser niña, equivocarme, me alentó a aprender todo cuánto pudiera, porque había mucho tiempo para ser adulto y poco para dejar momentos inolvidables. Ya llegada la adolescencia, los consejos fueron pocos, pero buenos. Después de todo sabía que los valores que como padres me habían entregado poco a poco comenzarían a ser parte de mi personalidad. Y, siendo mujer, tomó mi brazo, me llevó al altar y me dijo: “Si por algún motivo fracasan o algo sale mal, no dudes en volver a casa”. Si las cosas andan mal en tu vida, no dudes en acudir a tu padre: incluso cuando llega a haber diferencias, el amor de un padre por sus hijos siempre es incondicional. 

Dejando atrás estereotipos
No recuerdo a mi papá decir que hay funciones de hombre o de mujer. De hecho lo recuerdo planchado, limpiando nuestro huerto, doblando ropa, cocinando, limpiando minuciosamente la casa, martillando, armándonos muebles nuevos, pintando nuestras habitaciones, llevándonos a nuestras diferentes actividades extra escolares. Dejándonos claro que nadie ayuda en casa, sino que cada uno asume sus responsabilidades, pues ni la cocina le pertenecía a mamá, ni las herramientas a papá, sino a nuestra familia.

Enseñando

Recuerdo perfectamente bien la innumerable cantidad de veces que mi padre se sentó durante horas a enseñarme matemáticas, porque no voy a negar que no existe una persona más paciente que él, que hasta el día de hoy me dice que sumar números y letras no es tan extraño como yo creo. Fue él, quien con un amor absoluto me enseñó el amor por la lectura y escritura. Siempre se las ingenió para mostrarme que al abrir un libro se puede volar en el tiempo, construir un mundo mejor y dejar atrás la ignorancia. De sus manos recibí una colección de libros infantiles que leíamos cada sábado sin parar y que conservo con gusto hasta hoy. De nuevo: acaso tu padre no sea aficionado a la lectura. Si revisas bien en tu interior, estarás orgullosa de las habilidades que tu padre te ha heredado.

Amando a mi mamá
Siempre he admirado profundamente la manera en que mis padres, luego de más de tres décadas, siguen alimentando su amor. Nunca han necesito dinero, ni lujos para hacerlo. Basta con un detalle pequeño, una flor, una canción, un paseo de la mano que les haga recordar que son afortunados, por el simple hecho de escogerse cada día y de amarse sin tiempos ni condiciones. Ha sido esto lo que me ha llevado a plantearme que de esa manera es cómo quiero envejecer; sintiéndome amada, fortalecida y respetada, por quien esté a mi lado.

No hay mejor regalo en ninguna tienda, ni ninguna campaña publicitaria que me sea lo suficientemente significativa como para agradecerle a mi papá todas las maneras que buscó para decirme con hechos que me ama, pero sé que bastará con un abrazo, un beso y una pequeña frase “gracias por todo papá”, para dejarle ver que yo lo amo tanto como él a mí. Y tú: ¿Por qué cosas estás agradecida? ¿Y cómo piensas mostrar tu agradecimiento a tu padre por las cosas que ha hecho por ti?

 

Vía Familias.com

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