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 *El matrimonio enfrenta una batalla simbólica que quiere reinscribir a los niños en la narrativa de la pareja y la alianza de la pareja en la narrativa de la paternidad.

La demanda de reconocimientos legales de diferentes formas de convivencia no son un efecto de la sociedad contemporánea, sino un síntoma de la devastación de la erosión social que inició con la promiscuidad, el concubinato, los niños sin padres y la cultura del divorció que ha desolado principalmente a los países occidentales, fustigó el investigador de la Universidad de Oxford, Robert George.

 El  doctor en jurisprudencia  sostuvo que al Estado “no le interesa reglamentar las relaciones de sentimiento, es decir nuestros estados afectivos, pero sí le interesa el tema de la educación de los niños, que es el objetivo social del matrimonio.

El matrimonio hace que nazcan niños que sean educados, que se desarrollen y que aporten a la sociedad.

Ahí es donde tiene que intervenir el Estado para proteger ese interés colectivo que es la infancia, la educación y la formación de ciudadanos”, dijo. 

Consideró que el panorama podría empeorar si las leyes no protegen el sentido verdadero de la unión matrimonial: “Si no se defiende el sentido verdadero del matrimonio, no habrá vuelta atrás para reivindicar las luchas contra otras complejidades sociales pues el matrimonio, que es primordial, no tendría sentido”.

“El matrimonio es insustituible, nada hay como para reemplazarlo por ello no tenemos opción, es nuestra tarea y obligación por el bien de la humanidad protegerlo”, insistió George, también director del programa Madison en la Universidad de Princeton y autor del libro ‘¿Qué es matrimonio?’.

Al participar  en el Coloquio Internacional Interreligioso “Complementariedad del Hombre y la Mujer” que convocó a 350 participantes a la ciudad de Roma, los especialistas coincidieron en la descripción de una sociedad debilitada por la propia banalización de la familia y del matrimonio.

Daniel Cere, profesor en religión, derecho y ética en Canadá, advirtió que su país fue uno de los primeros en redefinir el concepto y los valores del matrimonio: “fue hace 10 años y no hay esperanza de regresar a la definición inicial. Es aquí donde las iglesias, mezquitas, sinagogas y todos los diferentes credos debemos proteger nuestra sexualidad del Estado”.

 Para la doctora Teresa Neila Tabara, directora del Departamento de Estudios Interculturales de una fundación libanesa dicha defensa “necesita ver la perspectiva del hombre y la mujer más allá del matrimonio pues, en el fondo, dicha complementariedad significa armonía”.

“No encuentro experiencias, al menos en España, que aseguren estar contra el matrimonio”

Los países de occidente, para la experta, viven un debate que no está presente en medio oriente, principalmente en los países de tradición musulmana donde apenas hay elección entre contraer nupcias o no pues la práctica de la homosexualidad y el concubinato están penados por las leyes civiles.

La promoción del matrimonio como experiencia promotora de la humanidad debe realizarse desde una religión o convicción creíble: “no con sentimiento de agresividad o discursos de revolución porque llevamos algo bello y debemos portarlo bellamente. Pues aún en medio de las situaciones más difíciles se puede dialogar”.

En ese sentido, el testimonio de Cyrille e Yvette Seke, una pareja de Bennin, en África que a través de un programa de TV intentan ayudar a los matrimonios de su localidad; su caso personal, sin embargo, es el de una pareja que se ha enfrentado a las prejuicios culturales de su país, tribu, comunidad y familia: “En África, los obstáculos sociales son muchos para los que desean casar, nosotros mismos hemos tenido muchas dificultades pero eso son solo retos qué encarar”. El matrimonio católico en Bennin se debe afrontar a cierta visión natural de la poligamia, a la discriminación de la mujer infértil y a la práctica sincrética de la mágica o la superstición.

Pero no todo el mundo comparte la inquietud en torno a la crisis de la familia.Carmen Garcímartin, profesora de Iglesia y matrimonio en La Coruña, remarcó que la primera dificultad para la atención de las parejas es la indiferencia de la propia familia y los matrimonios respecto al tema: “No encuentro experiencias, al menos en España, que aseguren estar contra el matrimonio. Estas parejas más bien no están en contra de nada y por ello no se hace nada por transmitir lo que viven como matrimonio, dicen que quizá los tiempos han cambiado… y no se sienten tan culpables porque tal crisis quizá forme parte de una cierta evolución social”

Matrimonios disociados de la idea misma del matrimonio y padres disociados de la idea de los hijos impiden desarrollar políticas públicas y condiciones jurídicas mínimas que garanticen dignidad de la familia como un ente indivisible.

DR. ROBERT GEORGE

Así lo sintetizó la profesora Ursula Basset, abogada especializada en defender el lugar del menor en la bioética médica de la familia: “El gran problema es la desbiologización, puesto que incluso en la discusión legal entorno al matrimonio o en las políticas en el concierto de la familia, solemos hablar del derecho de los niños disociado al derecho de los adultos, y viceversa. Hablamos separadamente de ambos como si no fueran algo unido”.

Para la abogada, aquellos que defienden la perspectiva de familia, se encuentran en una “batalla simbólica”, puesto que es preciso reinscribir a los hijos en la narrativa de la pareja y a la alianza de la pareja en la narrativa de la paternidad. Algo que, hasta hace poco, no era siquiera imaginable.

La experta habló de la “desbiologización”, concepto que en los años 70’s “era un plan metódico para conseguir la anticoncepción, la neutralidad de género y la redefinición del matrimonio como un contrato solamente o un acompañamiento en el mejor de los casos. De ese modo, el matrimonio se puede suprimir en cualquier momento puesto que, gracias a la anticoncepción y el aborto, la paternidad se convirtió en algo elegible”.

La actualización del modelo de desbiologización, según Basset, se ha dado con temas como la fertilización asistida donde “cuerpo y alma de la mujer son separados, las madres son desbiologizadas y des-sexuadas”.

 
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