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Es cierto que los padres tienen la autoridad máxima en el hogar, pero no es excusa para imponer a los hijos. Educar es la mejor opción.

Desde muy pequeños, los niños comienzan a tantear el mundo que los rodea, a probar fuerzas y medir los límites entre su libertad y las prohibiciones. Por eso los padres deben hacerles saber quién tiene la última palabra.

Pero a veces fallan todos los recursos y la mejor manera de dejar las cosas claras es con una frase categórica: “Hay que hacerlo porque lo digo yo”. Sin embargo, la disciplina es mucho más que imposición, y la clave del éxito está en encontrar el equilibrio con otros métodos. La misión de los padres es educar a sus hijos, no reprimirlos. Antes de recurrir al tono mandón, considera estos enfoques positivos:

Hablar con los niños.- No subestimes su capacidad de escuchar y comprender tus explicaciones. Conocer las razones y consecuencias de los actos, además de ayudar a conseguir un comportamiento correcto, profundiza el respeto y las relaciones entre padres e hijos.

Darles instrucciones.- No des por sentado que los chicos saben lo que tienen que hacer. Resiste la tentación de darles una orden y ofréceles detalles de lo que esperas que hagan.

Obsérvalos.- Es más fácil corregir un paso que el proceso completo.

No desanimarlos.- En lugar de regañarlos por algo que no están haciendo bien, incítalos a esforzarse más. Centra tus comentarios en los aspectos positivos y en sus logros.

 Vía: Ser Padres

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