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Luego de sus 28 años de labor, la Fundación Sánchez Aguilar continúa buscando formas de ayudar a más personas.

María Cecilia Sánchez de Martinod, Directora Ejecutiva de la Fundación Sánchez Aguilar conversó con Revista Vive! sobre los objetivos que se han planteado y cumplido desde su creación en 1989. Con 28 años bajo el lema “Educar es liberar” de Don Carlos Sánchez Aguilar, la Fundación ha buscado impulsar el desarrollo de la sociedad guayaquileña, mediante una formación integral y el mejoramiento del nivel de vida en los distintos sectores de la ciudad.

Desde sus inicios la Fundación ha enfocado sus programas en el Gran Guayaquil (Daule, Durán, Samborondón) ¿cómo esto aporta al lema de la fundación?

María Cecilia: Este lema viene de mi papá, él sostenía que el momento en que una persona se educa, es cada vez más libre, porque tiene la posibilidad de poder elegir y criterio para emitir su opinión. Siempre hemos tratado de cumplir el lema. Incluso al construir el teatro, porque creíamos que era lo que más liberaba a las personas.

Si tuvieras que definir la Fundación en una sola palabra, ¿cuál sería la que para ti más la representa?

M.C: Servicio, definitivamente. Por medio de nuestro programa de becas, ayudamos a los adolescentes para que tengan una mejor educación; con las capacitaciones en diversas labores a un grupo de mujeres, mayoritariamente vulnerables; y por último desde hace 5 años, sirviendo a la comunidad con todo lo que hace el Teatro Sánchez Aguilar.

¿Cuál fue la motivación principal de trabajar con mujeres en las capacitaciones?

M.C: Para mi padre la mujer es el pilar fundamental en la familia, por lo que valoraba muchísimo que se eduque. La labor ha sido empoderar a la mujer dentro del campo donde se desenvuelve, para así aportar a sostener sus hogares. Esto es lo que más gusto nos ha dado, en estos 28 años vemos que a pesar de la situación personal muy dura de la que muchas venían, con la fundación hicieron su camino.

En estos casos de situaciones complejas, ¿cómo la FSA las apoya desde los valores?

M.C: Siempre se ha buscado dar apoyo personal. Con los becarios, al tenerlos por 6 años, conocemos más íntimamente a sus familias, su situación, su realidad y para atender sus necesidades. El año pasado detectamos que existían muchos familiares con diabetes, derivado de un problema de nutrición. Ante esto padres e hijos recibieron charlas de nutrición. Así mismo tratamos temas sobre el matrimonio, comunicación y manejo de conflictos, adolescencia, drogas, de forma que los apoyamos.

Si bien la labor de la Fundación durante estos años se ha reafirmado hacia la educación, ¿qué ha aportado a esta misión el Teatro en los últimos 5 años?

M.C: Todo lo referente a acercar a las personas a la cultura. Ya sea a través de la escuela del espectador, las master class o las funciones escolares, coordinándolo siempre desde la Fundación. De esta forma sabemos a quiénes llegamos y cómo lo trabajamos, desde la formación. Por ejemplo con la Orquesta Sinfónica hicimos un concierto didáctico, donde los estudiantes fueron aprendiendo sobre las distintas partes de la orquesta y hasta la dirigieron.

¿En este año más de la FSA qué se espera?

M.C: Hemos tenido una reunión con ex alumnos para ver cómo estaban y de qué otras maneras podemos ayudar a la comunidad. Además de insistir sobre la labor de la fundación y el teatro, para involucrar más al centro de capacitación y que las mujeres de las áreas de belleza, corte y confección, den sus servicios en las producciones del teatro. También crecer en la formación artística, ofreciendo más capacitaciones a las personas interesadas en este ámbito.

Año 1989. Inicia el programa de becas estudiantiles.

Año 2000. El albergue Rosa Eva Aguilar de Sánchez abre sus puertas para dar hospedaje a familias de niños enfermos del Hospital Roberto Gilbert.

Año 2002. Se pone en marcha el Centro de Promoción Social y Desarrollo integral, con los oficios productivos de: auxiliar de enfermería, belleza, corte y confección, panadería y pastelería.

Año 2012. Se inaugura el Teatro Sánchez Aguilar.

 

Por: Carol Arosemena

Lcda. en Comunicación y Literatura

Máster en Comunicación y Educación

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