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Un millón de feligreses se congregaron en el Parque Bicentenario de Quito para participar de la Misa que celebró Francisco esta mañana, donde recordó que la Evangelización es vehículo de la unidad y aspiraciones.

Temprano por la mañana, decenas de personas esperaban al Papa en los exteriores de la Nunciatura Apostólica, en Quito. Los fieles esperaban al Papa Francisco, que hizo su aparición a las 08:37 cuando subió al vehículo que lo transportó al Parque Bicentenario. Pero antes se dio unos minutos para saludar y bendecir a los presentes.

Acompañado de Monseñor Fausto Tráves, circuló por las calles de Quito donde cientos de feligreses lo saludaron, le lanzaron flores y gritaban con alegría su nombre. A las 08:50 llegó al Parque Bicentenario para el encuentro que mantuvo con los Obispos del Ecuador. Esta reunión fue privada y se extendió aproximadamente una hora.

A las 10:00 a bordo del papamóvil, Francisco inició un recorrido de 4km por el Parque Bicentenario, para saludar a los feligreses que se congregaron desde el día anterior a la espera del Vicario de Cristo. 

“Formemos parte de una gran familia. Donde Dios es nuestro padre y todos somos hermanos. Nadie es excluido.”

Con una procesión de entrada al altar, el Sumo Pontífice dio inicio a la Santa Misa a las 10:30. Su homilía estuvo dedicada a la evangelización. Francisco expresó que quienes se dejan salvar por el Evangelio “son liberados de la tristeza, el vacío y del aislamiento”. Igualmente que: “la Evangelización puede ser vehículo de unidad y de aspiraciones”. 

Se refirió también a la inclusión en la familia como en la sociedad: “luchar por la inclusión a todos los niveles. Evitando egoísmo, promoviendo la comunicación y el diálogo”. Además, que la presencia de Dios invoca la unidad y Jesús reza para “que formemos parte de una gran familia. Donde Dios es nuestro padre y todos somos hermanos. Nadie es excluido.”

El Papa Francisco pidió al casi millón y medio de feligreses que tengan los mismos sentimientos de Jesús y que sean un testimonio de comunión fraterna que se vuelve resplandeciente. El Santo Padre finalizó su homilía diciendo: “Nuestra fe siempre es revolucionaria, ese es nuestro más profundo y constante grito”.

 

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