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Tomemos acción en busca del bien común. 

Para un católico, participar en la política es responder al llamado que muchos Papas nos han realizado. En ese sentido, los católicos que nos atrevemos a participar en política y que hemos decidido responder a ese llamado, debemos primero formarnos en la Fe y en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

Pese a que la política es un terreno impreciso éticamente, lejos de abandonarla, debemos alentarnos a participar en ella con principios cristianos.
La afirmación prepotente que se escucha frecuentemente: “nuestras creencias deben estar alejadas de nuestra ideología política”; no hace más que desnudar la severa arrogancia de la que hacen gala quienes afirman esto. 

El católico no puede dejar la doctrina en su bolsillo izquierdo mientras opina sobre algún aspecto público en el bolsillo derecho.

Es ineludible que, quienes quieren vivir coherentes con su fe, lo hagan en todos los aspectos de su vida.
El católico no puede dejar la doctrina en su bolsillo izquierdo mientras opina sobre algún aspecto público en el bolsillo derecho.
Muchos mártires han muerto para que los católicos podamos tomar ese ejemplo y llevarlo a la práctica en nuestras vidas. No podemos seguir desesperanzadamente quejándonos, mientras otros hacen las leyes; no podemos permitir que la sangre de esos mártires se haya vertido en vano, debemos responder al llamado.

Martin Luther King decía allá en un lejano 1962 que soñaba con “un mundo en donde no nos definamos por nuestro color de piel”. Como católico me siento en la responsabilidad de perseguir un ideal que es sinónimo de este. Que los católicos vuelvan a tomar las riendas de la cosa pública.

No podemos negar la realidad, muchos católicos participan ya en la política, pero lo hacen desarmados de la mayor herramienta que nos ha provisto para esta práctica la Iglesia: La Doctrina Social.

No permitas que otros dicten lo que tú consideras importante; participa y siéntete libre de poner las cosas en su lugar, en el contexto adecuado. No dejes que te sometan los insultos disfrazados de metáforas. No permitas que te persuadan de no meterte en un terreno demasiado “pantanoso”. Deja de hablar y quejarte e involúcrate.

 

Por Ing.Andrés Elías
Portavoz del Observatorio Electoral Católico
Observatorio católico/ @votocatolicoec

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