Compartir:

La clasificación de Independiente del Valle a la final de la Copa Libertadores generó grandes emociones en el país, por tratarse de un equipo “chico”, con pocos años de existencia y con jugadores jóvenes y resultado de un proceso. Nos emocionó el gesto de la donación de las taquillas para sumarse al esfuerzo de la reconstrucción de Manabí y Esmeraldas.

Pero esto vino acompañado de un inédito y valioso símbolo, al haber logrado unir a hinchas de distintos equipos. A diferencia de cuando juega nuestra Tricolor -a la que todos asistimos con el uniforme de la TRI- se invitó a los hinchas a alentar a un tercero con sus propias camisetas. Impensable que fanáticos con camisetas de Aucas, Barcelona, Deportivo Quito, Emelec, Liga, Nacional, etc. estuvieran sentados juntos, respetando a los diferentes y gritando por otro equipo que no sea el suyo.

Desde el punto de vista deportivo la sorpresa iba en aumento y evocaba distintas emociones. De felicidad en los ganadores y de asombro y enojo en los perdedores. Y así conocimos de las manifestaciones de un periodista deportivo, cuyas declaraciones fueron lanzadas al aire. Algunos se sintieron molestos por las palabras emitidas; otros se declararon en contra de quien compartió una conversación privada. La calificación menor fue “Falta de respeto a los demás, falta de respeto al amigo…”

Sí podemos respetar y compartir con otros, si subordinamos nuestras emociones a un bien superior y sostenemos las diferencias.

La palabra respeto nos evoca tres elementos claves:

a. RESponsabilidad por lo que uno hace y dice: “Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla”.

b. PErtenecia a una comunidad.

c. TOlerancia a las diferencias que hay en la comunidad.

Independiente del Valle nos mostró que sí podemos respetar y compartir con otros, si subordinamos nuestras emociones a un bien superior y sostenemos las diferencias.

También nos mostró que pensando en los demás, uno se hace más grande y admirable.

En las relaciones interpersonales, el verdadero contrario es uno mismo.

La pregunta es: ¿cómo puedo aplicar esto en mi vida diaria? Uno de los códigos de ética más populares y citados, es la Prueba Cuádruple Rotaria que nos invita a plantearnos las siguientes preguntas:

De lo que pensamos, decimos o hacemos: 

1.     ¿Es la verdad?

2.     ¿Es equitativo para todos los interesados?

3.     ¿Creará buena voluntad y mejores amistades?

4.     ¿Beneficiará a todos los interesados?

Hacernos estas 4 preguntas antes de emitir una opinión, sí puede hacer la diferencia. Hay que soñar con el éxito y hacer lo necesario. No necesitamos a nadie más que a nosotros mismos.

 

Por: Carlos Hahn

Compartir: