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"Sabía con todo mi corazón que abortar era algo malo. Pero dejé que el miedo se posesionara de mis pensamientos".

Amy tenía sólo diecinueve años cuando programó un aborto, pero una vez en la clínica, al ingresar en la sala donde sería “preparada”, comenzó a sentir sus piernas como si fuesen de papel y antes de que pudiera darse cuenta se derrumbó en el frío piso. “Acostada en el piso frío y mis mejillas húmedas de lágrimas, mi mundo parecía estar cayendo a pedazos”.
 
Con esta intensidad relata aquellas horas al portal Life news la mujer que hoy es una conocida activista pro vida, fundadora de Embrace Grace, organización que ayuda a mujeres que viven embarazos difíciles.
 
Amy, habiendo crecido en un hogar cristiano, cuenta que sentía el peso emocional y moral de estar realizando un acto errado. “Yo sabía con todo mi corazón que abortar era algo malo. Incluso había estado cuando niña con mi familia orando por la vida al exterior de algunas clínicas de aborto. Pero dejé que el miedo se posesionara de mis pensamientos y creí la mentira de que el aborto era el único camino”.
 
Y allí sobre el piso de la clínica, sentía que no podría seguir adelante con ese embarazo, que avergonzaría a su familia y decepcionaría a todos quienes la querían. Mientras las enfermeras le ayudaban a incorporarse, sus lágrimas seguían cayendo. Entonces, dice Amy, sucedió algo fuera de lo habitual, inesperado en un lugar como ese.
 
“Una de las enfermeras me dijo en ese momento: “Hoy no vas a tener tu aborto. Regresa en otro momento, hoy no es tu día”. Así que salí, inspiré profundo y fui hasta la sala de espera donde el padre de mi hijo estaba esperando. Con los ojos rojos y la cara hinchada, lo miré y le dije: «Todavía estamos embarazados»”.

Sentía que no podría seguir adelante con ese embarazo, que avergonzaría a su familia y decepcionaría a todos quienes la querían.

En ese momento, ambos jóvenes tomaron la decisión de optar por la vida, enfrentar sus miedos, asumir el desafío, enfrentar a su familia y seres queridos con la verdad.
 
“Jamás imaginamos que este desafío terminaría siendo una gran bendición, un milagro que Dios usaría para unificar nuestras familias y construir un legado. Fue en la semana 16 de mi  embarazo que me dije: lo haré. Prometí amar toda la vida no sólo a quien sería mi esposo, sino a este niño que vino a cambiar esta vida.”
 
Hoy, 17 años después, Amy Ford y su esposo Ryan tienen cuatro hijos; viven con el ajetreo y bullicio cotidiano que es propio de una familia grande. “En 1998, le dije que sí al hombre de mis sueños. Nos casamos jóvenes y hemos crecido juntos. No me puedo imaginar la vida sin Ryan. Es totalmente lindo, me hace reír y es mi mejor amigo. Tenemos 4 hermosos hijos -Jess, Mackenzie, Landry y Judá”.
 
Pero Amy vive también la pasión por los servicios de acompañamiento a embarazadas en problemas que entrega Embrace Grace, Inc.la organización que cofundó y preside. En el libro A bumb in life- Historias reales de esperanza y coraje durante un embarazo no planificado, ha registrado su testimonio y el de muchas otras chicas, valientes madres, como ella.
 
“Miro hacia arriba a Dios y le doy las gracias por las bendiciones que nos ha dado”, dice al finalizar su testimonio.

 

Vía Aleteia

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