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El Creador del mundo estableció la sociedad conyugal como origen y fundamento de la sociedad humana. Constituye su fundamento y alimento continuo mediante su función de servicio a la vida. Alma de la vida del desarrollo de la sociedad misma”. (S.S. Juan Pablo II, Familiaris consortio, 42)

La familia

Es considerada como la “primera sociedad” o el “centro de la vida social”. Es decir: el origen y núcleo de la sociedad. Es una institución natural que además de su valor inherente, tiene su fundamento en Dios. Razón por la que sus derechos no le son otorgados por el Estado, ni tampoco cualquier postulado moral, ético o amoral. Por lo tanto, tendría que ser custodiada no sólo por el Estado, sino por empresas. Y en última instancia por la sociedad, que debería luchar y no permitir la cantidad de ataques que sufre desde distintos frentes.

La familia es el fundamento seguro para las aspiraciones del hombre o de la mujer. En ella se aprenden las relaciones interpersonales, lo cual es condición primera para que cada uno se conozca y descubra sus propias capacidades. Asimismo, la concepción secular que tiene la familia, una pareja de hombre y mujer que procrean vidas como fruto de su amor, es el ámbito privilegiado para la formación y defensa de la vida y el amor. Por lo tanto, como cualquier daño tiene su consecuencia directa y dramática en el tejido social.

Es un patrimonio de la humanidad y es indispensable para que todo hombre de buena voluntad pueda educar y formar a sus hijos, quienes en el futuro serán los fundamentos de una mejor sociedad.

¿Cómo preservar la familia?

Una de las funciones del Estado debe ser garantizar y defender los derechos de la familia. Además, no permitir la desestructuración con planteamientos como las leyes anti vida, uniones del mismo sexo, la promoción de distintas ideologías de género, entre otras. Ideas y valores que por distintos medios de comunicación van minando los fundamentos del valor que tiene la familia. Esto trae consigo consecuencias gravísimas como el aborto, el divorcio “express”, los “modelos alternativos” de vida familiar, que desvirtúan esa institución en aras de una supuesta libertad de la diversidad.

Pero finalmente, ¿de qué depende que esto suceda? De nosotros, de que luchemos por la familia, de que expresemos nuestro pesar al ver que que las bases de ésta son atacadas. De que a pesar de todo estemos “detrás de la trinchera”, luchando por nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos para que sus familias sigan aportando por una sociedad mejor y justa.

Por: Pablo Augusto Perazzo

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