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En el mundo de hoy, cuando mujeres y hombres luchan por la igualdad de derechos, se vuelve difícil trabajar ocho horas diarias y mantener un hogar en armonía.

Cuando quedé embarazada de mi primer hijo, ya había decidido estudiar. Por ello tuve que buscar todas las alternativas posibles para compatibilizar los estudios, la labor de ser madre y tener un hogar seguro para la crianza de un bebé. Antes de conseguir mi título profesional, obtuve mi segunda licencia de madre: todo se veía cuesta arriba, pero eso no logró desanimarnos. Recién titulada comencé a trabajar en jornada completa, teniendo que dejar a mis dos pequeños al cuidado de terceros. Buscamos familiares, conocidos, jardines, pero nada nos convencía. Los primeros meses fueron caóticos y desmotivadores, nada nos daba la seguridad de que ellos estarían bien.

Yo llegaba cansada física y sicológicamente, solo deseando poder recostarme y descansar un momento. Pero el día no terminaba aún: ordenar, lavar ropa, preparar la comida del día siguiente, jugar y volver a ordenar. A veces se hacía de madrugada y nosotros sin poder dormir. Fueron dos años sin vacaciones, ni descansos que terminaron por pasarnos la cuenta: estrés, constantes enfermedades y problemas del sistema nervioso.

Los niños crecían y se hacía imprescindible generar un espacio en el cual pudiésemos compartir con ellos. Nos habíamos convertido en «padres de fin de semana», pues pasaban más tiempo con otras personas que con nosotros. No éramos capaces de participar en su crianza. Debido a las decisiones que habíamos tomado, ninguno de los dos podía dejar de trabajar o reducir la jornada laboral, por lo que ideamos un plan para poder aprovechar al máximo el tiempo que estábamos juntos. ¿Cómo lo logramos? Aquí te dejo unos pequeños consejos:

Haz las labores del hogar más entretenidas

Es inevitable que los niños desordenen. Haz que participen de la tarea de ordenar a través de juegos.

Dividan las responsabilidades

Hay un dicho muy sabio que reza: «Divide y vencerás», y también es aplicable a los quehaceres, pero en un sentido distinto: resuelvan entre todos los quehaceres domésticos. Cuando sabes que no estás sola, es más fácil darse ánimos para seguir adelante.

Deja los problemas fuera de casa

Permíteme contarte una pequeña historia al respecto: Cuentan que había un hombre que todos los días veía a su vecino llegar cansado del trabajo, dejar «algo» en el árbol junto a la puerta y entrar a su casa, siempre con una sonrisa inmensa. Un día, este hombre decidió preguntarle a su vecino por qué hacía eso, y qué dejaba en el árbol día con día. El hombre se llevó una hermosa sorpresa: Su vecino colgaba del árbol «la bolsa de sus problemas», para que no entraran en su hogar.

1 + 1 es más que 2

Cuando todos contribuimos con un granito de arena, el todo se vuelve mayor a la simple suma de las partes. Si ves que tu pareja se siente cansada, dale unos momentos de calma mientras tú asumes la responsabilidad de su parte. Verás lo fácil que se vuelve compatibilizar la vida dentro y fuera del hogar cuando nos apoyamos siempre.

Cuando trabajamos juntos para conseguir un objetivo común todo se vuelve más fácil. Compartiendo las labores del hogar, la paternidad, las responsabilidades, no solo entregamos un voto de confianza hacia nuestra pareja, sino también aligeramos la carga para terminar el día de una forma más agradable.

 

Vía Familias.com

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