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“Me animo a decir, que la principal riqueza de México hoy tiene rostro joven; sí, son sus jóvenes”, lo dijo el Papa Francisco en el primer discurso de su 12° viaje apostólico internacional, durante el Encuentro con las Autoridades, la Sociedad Civil y el Cuerpo Diplomático. “Vengo como misionero de misericordia y de paz, pero también como hijo que quiere rendir homenaje a su madre, la Virgen de Guadalupe”, y “quiero a su vez, rendirle homenaje a este pueblo y a esta tierra rica en culturas historia y diversidad”.

Saludando y agradeciendo en la persona del Presidente al pueblo mexicano por recibirlo en su tierra, el Papa habló de la grandeza y riquezas del país. Entre estas últimas, evidenció aquella que considera la principal: los jóvenes. Una riqueza que permite “pensar y proyectar un futuro, da esperanza y proyección, y constituye un desafío positivo en el presente”.

De ahí la alusión a reflexionar sobre la responsabilidad a la hora de construir el país que se desea legar a las generaciones venideras, y la puesta en guardia sobre el camino del privilegio o beneficio “para pocos”, que “tarde o temprano”, “se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte”, que causan sufrimiento y frenan el desarrollo, además de aquella de encontrar nuevas formas de diálogo, negociación y de puentes que sean una “guía por la senda del compromiso solidario”.

Por otra parte, indicó la ayuda al acceso efectivo a los bienes materiales y espirituales indispensables, una tarea que corresponde a los dirigentes de la vida social, cultural y política, a saber, “vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, un ambiente sano y de paz”. “Una tarea  – agregó – que involucra a todo el pueblo mexicano en las distintas instancias tanto públicas como privadas, tanto colectivas como individuales”.

En ese sentido, aseguró la colaboración de la Iglesia Católica y renovó el compromiso y voluntad de servicio a la gran causa del hombre: “la edificación de la civilización del amor”.

 

Vía Vatican News

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