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Creo en el poder que tenemos las mujeres para transformar el mundo. A pesar de lo que muchos supongan, los zapatos no son nuestras únicas ni mejores armas.

Hace un par de días al notarlo me dijeron: “volviste a los tacos”. Asentí con indiferencia; pero, esta observación me hizo pensar más allá. Desde siempre me ha gustado usar “zancos”, como los denominan quienes me conocen. Sin embargo, durante un tiempo sentí esa necesidad, un poco frecuente en las mujeres, de versatilidad y cambio. Le di un descanso a mis pies y reemplacé los centímetros de más por los tradicionales flats. Hoy, estoy nuevamente unos centímetros más arriba de lo que la genética predispuso. ¡Volvieron!  y sin duda me hacen sentir poderosa y sobre todo más mujer.

Creo ciegamente en el poder que tenemos las mujeres para transformar el mundo. A pesar de lo que muchos supongan, los zapatos no son nuestras únicas ni mejores armas. De hecho, la inteligencia, las sonrisas, la benevolencia y la compasión se acercan más a mi concepto de “atributos dominantes”, en lo que respecta a características femeninas. Sin titubeos me declaro una femenina empedernida, porque creo que no hay propósito que no podamos alcanzar cuando se nos mete algo en la cabeza.

Pero ¡ojo!, hay una línea muy delgada que divide la exaltación de la feminidad y el feminismo. El verdadero imperio una mujer lo construye cuando reconoce sus fortalezas y sus debilidades; sin dejar de admirar las destrezas del sexo opuesto. Cada vez que una mujer se compara con un hombre y se siente menos importante por esto, está perdiendo el norte. La realidad es que como seres humanos tenemos la misma capacidad de conocer, progresar, amar e incluso sufrir. ¡Valemos lo mismo!

hombre y mujer valen lo mismo

La historia de un mundo antiguo -en su mayoría gobernado por hombres- en el que la mujer se vio obligada a someter su voluntad, no es excusa para solventar una revolución que pretende “rescatarla” y “enaltecerla”. De esa forma el feminismo es igual de discriminatorio que el machismo y la cura al final del día llega a ser peor que la enfermedad.

La ideología que debería acogerse, sin pensamientos anticuados, es el valor real de nuestra esencia. Ejecutivos o amas de casa, hombres desempleados o profesionales exitosas; a todos nos corresponde el mismo espacio en el mundo. De igual forma, somos indistintamente responsables de las consecuencias que nuestras actos pueden ocasionar en nosotros mismos y las personas que dependan o se relacionen con nosotros.

mujeres somos unicas

Hace unos días una amiga me contó -refiriéndose al día de la mujer- la anécdota del cuchillo y el destornillador. Ambos utensilios pueden servir para aflojar un tornillo; sin embargo, en caso de utilizar reiteradamente el cuchillo, lo más probable es que tanto el cuchillo como el tornillo, sufran deformaciones y daños. De igual forma, aunque de una manera más compleja y profunda, se comprende la humanidad.

Tanto hombres como mujeres tenemos las mismas capacidades y aptitudes; pero, hay ciertos roles en los que destacamos naturalmente. Ya sea a través de zapatos exuberantes, ropa deportiva, libros pesados o de una cara libre de maquillaje; lo importante es que nos sepamos reconocer como parte necesaria, esencial e irremplazable dentro de este planeta.

Aprovechemos este día para resaltar y celebrar el orgullo que representa ser mujer. 

  

paola gomez1

Por Paola Gómez

Comunicadora

 

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