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Los niños necesitan recibir una buena nutrición afectiva para potenciar su integridad física y emocional.

 

¿Alguna vez nos hemos preguntado por qué un niño puede comportarse tan diferente a otro frente al mismo espacio o contexto? Aunque podemos dar muchas respuestas, tal vez no lo asociamos con carencia de afecto y, en gran medida, puede ser este el causante de esas diferencias significativas.

Así como los niños requieren de una buena obtención de nutrientes alimenticios para el adecuado crecimiento, también requieren buenas cantidades de afecto. Si el pequeño está bien nutrido biológica y emocionalmente se logrará potenciar al máximo su integridad física y psicológica.

“Es más fácil construir niños fuertes, que reparar adultos rotos” Federick Douglas.

En esto consiste la nutrición afectiva, en integrar elementos que refuercen el buen desarrollo de los niños. Un hijo que ha sido expuesto al apego seguro, caricias y buena comunicación en su familia, será una persona capaz de afrontar cualquier situación de una manera más efectiva. Por ejemplo, si los padres se preocupan por entregar solo necesidades básicas, como alimentación y ropa, la carencia de afecto provocará una gran inseguridad y un desarrollo disminuido de sus capacidades. Esto se evidencia en el manejo de sus emociones, en la memoria, en el lenguaje y en la solución de problemas; afectando así su presente y futuro.

 

Empezar una nutrición afectiva

Para obtener una buena nutrición afectiva es necesario demostrar la importancia que representan los más pequeños de la casa. El amor se expresa a través de miradas, palabras, caricias, sonrisas, comunicación y todo lo que le pueda afectar positivamente al niño. Por lo que no debemos limitarnos a la hora de ser expresivos.

Si tenemos un pequeño con muchos conflictos, con dificultad para evocar recuerdos, socializar, expresar sentimientos y emociones, podemos deducir que la interacción familiar no es la mejor. El desarrollo del niño está directamente relacionado con dichos procesos. Por eso, desde el embarazo se debe empezar a nutrir afectivamente. Si estimulamos con música caricias y voces, el niño empezará a experimentar sus beneficios. 

Los componentes de la nutrición afectiva son similares a los de la nutrición biológica. Encontramos tres elementos importantes: los constructores, los energéticos y los protectores, donde el primero equivale a caricias, reconocimiento, respeto, aceptación. Dentro de los energéticos destacan la creatividad, el movimiento y todo lo que aliente a proponerse nuevas metas. Mientras que en los protectores, como su nombre lo indica, están los elementos que nos protegen de lo nocivo; facilitando la influencia en la buena autoestima.

Un entorno familiar donde prime el diálogo, que refuerce las conductas adecuadas, que ofrezca afecto y comprensión, puede obtener un giro importante en el bienestar de los niños. Invertir  tiempo para entregarles el afecto que necesitan, hará que ellos tengan un presente provechoso y un buen futuro; y a nosotros, los padres, nos garantizará nuestra felicidad al ver el fruto de nuestro trabajo.

 

Por: Carol Obando
Psicóloga clínica
Psicoterapia integral y análisis conductual (PIAC)

 

 

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