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Lupe se define en su perfil de Twitter como fotógrafa, redactora, madre ninja y gestante. Durante su embarazo tuve una excelente idea: compartir cada una de sus anécdotas con sus seguidores.

Bajo el hashtag #lahoragestante, en 2012 fue compartiendo con sus 8.000 seguidores de la red social las experiencias de una embarazada primeriza. “El hashtag era un guiño a La Hora Chanante, de la que soy muy fan. Vi que funcionaba muy bien y se quedó así. Además pegaba con las situaciones absurdas que me encontraba a veces”.

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Nueve meses antes de nacer, el pequeño Sam ya era conocido en el universo tuitero. Su madre, Guadalupe de la Vallina (AKA @Lupe_), contó al mundo los caprichos, antojos y travesuras del pequeño… incluso antes de poner un pie en el mundo. Porque los humanos somos así: apuntamos maneras desde antes de nacer. “Me puse a contarlo porque qué mejor cosa que contar”.

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Tres años después, la historia se repite bajo el hashtag #lahoragestante2.

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Lupe espera su segundo hijo, Carlo, que nacerá a finales de este mes. Igual que la primera vez, cada día cuenta anécdotas referentes a su embarazo. Pero si la maternidad es algo común en la naturaleza, la forma en que Lupe narra su día a día como madre gestante es lo más atípico que uno puede encontrar en la red. Huye de la parte más edulcorada del embarazo, compartiendo sus experiencias de una forma natural, simpática y desenfadada.

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“Estaba acostumbrada a oír hablar del embarazo desde una perspectiva muy azucarada, como un Tumblr de cachorritos. Sin embargo, la narrativa se debería parecer más a una película de ciencia ficción. Solo hace falta asistir a una ecografía, te lo imaginas ocurriendo en una nave del área 51. Todo es grotesco si le quitas la capa de azúcar, como lo que te explican en los cursos de preparación al parto (que para twitter bauticé como #aprendeaparir). Los huesos se abren para que salga un melón de 3kg, lo menos gore que te puede pasar es que te rajen, y luego te dan puntos en el lugar más sensible e íntimo del cuerpo. Y eso si te va bien. La pierna se te empieza a atascar semanas antes de dar a luz porque se te está abriendo la cadera. Los últimos días vas con el riesgo de que te salga medio litro de agua de entre las piernas mientras haces la compra o tratas con un cliente. Luego te sale leche del pecho a todas horas, ¡del pecho! Es todo así”.

El embarazo es algo a lo que nos deberíamos haber acostumbrado, ya que es una de las pocas experiencias que llevan ocurriendo, literalmente, toda la historia de la humanidad”.

“Es fascinante porque, de repente, tu cuerpo se convierte en casa, en un lugar acogedor, y siempre he pensado que mi cuerpo era más bien fastidioso, porque constantemente se le estropean tonterías. Es más, estaba convencida de que era demasiado débil para tener un hijo (siempre estoy agotada) y con el embarazo de repente me convertí en una superheroína”.

En la última edición de TEDx de la Universidad de Navarra, Lupe habló del asombro. Si se deja asombrar por las cosas más cotidianas, su segundo embarazo no podía ser menos. “Escribo sobre lo que me asombra o me hace gracia en cada momento. Y, sin duda, lo más alucinante que me pasa cada día durante el embarazo es que me esté creciendo un niño dentro de las vísceras. La vida es alucinante y las primeras fases son una fuente constante de asombro y también de carcajadas. Los descubrimientos de un bebé, la forma en la que tu vida de adulto sofisticado -o de postadolescente tardío, o de las dos cosas- se transforma para adaptarse a una bolita de carne que se convierte en lo mejor que tienes. La falta de sueño, el chorro de pis en el vestido nuevo, la paradoja de dar el pecho delante de gente a la que jamás le habrías enseñado el pecho, las estrategias de cada cónyuge para tuitear escondido en el baño, las reglas no escritas del parque. Encuentro todo sinceramente divertido”.

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Ser madre es una experiencia preciosa, pero también una profesión agotadora y exigente. Lupe lo sabe. Y lo comparte. “Crecí creyendo que la felicidad coincide con hacer lo que quiero cuando quiero y mi hijo me impide eso. Me limita enormemente la vida social y profesional. Me acaban de invitar a Israel a hacer fotos y renuncio para no poner en riesgo mi embarazo actual (aunque solo sea por el stress que podría sufrir si hay una situación peligrosa). Por muy aventurera que seas, un embarazo o un bebé tienen exigencias básicas que no puedes ignorar. O puedes ignorar pagando un precio emocional que a mí, personalmente, no me vale la pena. Si a mí me hubieran puesto crudamente una relación de las cosas que no puedo hacer por tener hijos pequeños, me lo habría pensado dos veces. Pero esa lista habría estado incompleta si no hubiera incluido la satisfacción extraordinaria de ver crecer a mi hijo. Bueno, simplemente de verlo. Es lo más increíble del día, todos los días. Por eso sigo teniendo hijos, porque por mucho que me gusten las cosas que me pierdo, ni juntándolas todas me harían disfrutar más que mi hijo. Y que conste -creo que es importante- que nunca me han gustado demasiado los niños, ni he soñado con ser madre. Lo que siempre me ha gustado es lo increíble y por eso soy madre”.

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Dicen que el mundo cambia con el ejemplo, no con la opinión.  Contar su día a día, sus experiencias, como madre gestante, es la mejor forma de defender la cultura de la vida. “Desde un punto de vista más reflexivo, creo que basta mirar sin prejuicios lo que ocurre desde la concepción hasta que tienes cinco hijos para admitir que es alucinante, que es un verdadero milagro. La gente que conozco que defiende el aborto, por ejemplo, lo hace argumentando que quitarlo es quitar la libertad, que se trata de un derecho: pero prácticamente nadie está activamente a favor de que no nazcan niños. Así que la defensa más útil de la vida me parece ayudar a ver lo increíble que es, y de qué forma la felicidad o el éxito no coinciden con que te salgan los planes como quieres, sino abrirte al Misterio, a lo que la vida te tiene preparado. Y cuando lo que te tiene preparado es más vida, la tuya se dilata. Por eso siempre que me preguntan cuento cómo empecé a cumplir mi sueño profesional en el peor momento, entre recién embarazada y recién parida. Me pasé años sin tener hijos esperando a que eso llegara y, cuando me cansé de esperar, bum”.

Vía Arguments

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