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Cada tres años se organiza el festival más grande de la juventud católica junto al máximo líder de la Iglesia: el Papa. A esta gran convocatoria, que inició en 1985 con San Juan Pablo II, se la denominó Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) y este año tuvo como sede a Cracovia (Polonia) entre el 28 y 31 de julio.

Cada uno de estos encuentros mundiales están marcados por la alegría, la aventura, el testimonio de fe, la emoción de compartir con jóvenes de todo el mundo y por los mensajes que el Santo Padre tiene para la juventud. El Papa Francisco participó por segunda vez en su pontificado de una JMJ y una vez más cautivó a los jóvenes con sus mensajes de fe, esperanza y amor. 

En uno de sus discursos Francisco nos enseñó que podemos padecer dos tipos de parálisis: “aquella que es producto del miedo, la cual nos lleva al encierro, y por lo tanto no nos permite crear, soñar, vivir, ver más allá del horizonte; y la segunda, la cual es más peligrosa y es aquella que nos hace confundir a la felicidad con la comodidad o con el sofá, aquella que nos hace sentir que todo está bien, que no hay nada de qué preocuparse”. 

Sobre esto el Papa nos pregunta: “Querido joven, ¿acaso estás padeciendo alguna de estas parálisis? ¿Acaso estás encerrado en tu propia comodidad, en tu sofá, en tu burbuja, mientras en el mundo la maldad gana terreno? ¿Acaso tienes miedo de renunciar a aquello que te aleja de Dios? ¿Acaso el miedo o la vergüenza no te permite dar testimonio de fe ante el mundo?”. 

Y en este mismo discurso insiste: “Queridos jóvenes, no vinimos a este mundo a «vegetar», a pasarla cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca; al contrario, hemos venido a otra cosa: a dejar una huella. Es muy triste pasar por la vida sin dejar una huella. Pero cuando optamos por la comodidad, por confundir felicidad con consumir, entonces el precio que pagamos es muy, pero que muy caro: perdemos la libertad”.

No vinimos a este mundo a «vegetar», a pasarla cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca; al contrario, hemos venido a otra cosa: a dejar una huella

Como joven, te invito a cuestionarte si estás “vegetando” o si realmente estás luchando por dejar una huella, un camino, un cambio en este mundo. Pregúntate si acaso el miedo o la comodidad te tienen paralizado. Cuestiónate si es que acaso estás acostado en aquel sofá, del que nos habla el Papa, y si la comodidad no te permite ver la necesidad de tu hermano hambriento, sediento, desnudo, desempleado, olvidado, triste, con el corazón vacío.

Jóvenes con coraje, memoria y esperanza

En su encuentro con los voluntarios de la JMJ, el Santo Padre envió un mensaje a todos los jóvenes de todas las nacionalidades afirmando que debemos ser esperanza para el mundo, pero para esto existen dos condiciones.

La primera es que no debemos ser desmemoriados, es decir, que tenemos que conocer de dónde venimos, porque esto forma parte de nuestra identidad, nuestra historia. La pregunta es: ¿cuál es el remedio para no perderla? El Papa responde diciendo: “hablar con nuestros abuelos, con los ancianos”. Así que te pregunto querido lector: ¿hace cuánto que no visitas a tus abuelos?, ¿hace qué tiempo que no hablas con ellos y les dedicas un tiempo a rememorar recuerdos de tu infancia y de su vida?, ¿acaso te molesta escuchar siempre las mismas historias que por la enfermedad, tus abuelos las repiten a cada momento? Es necesario acudir a ellos porque son fuente de sabiduría. Solo así jamás perderemos la memoria.

Luego el Papa continuó con su mensaje y nos dijo que “si tenemos memoria y somos esperanza para el futuro, entonces nos queda el presente”. Y, ¿qué es lo que necesitamos para el presente? “Coraje”, nos dice Francisco. Sí, coraje, valentía, testimonio. Esto es lo que nos quita el miedo, la parálisis. ¿Eres lo suficientemente valiente como para seguir a Jesús?, ¿tienes el valor para arriesgarte a vivir la aventura de ser seguidor de Jesucristo? 

En Occidente, las guerras las vemos lejanas, apenas son noticias detrás de la pantalla. Sin embargo, apenas aparece la dificultad, perdemos el coraje y la valentía. Hay tantos jóvenes que a diario, viven en carne propia el dolor de la guerra, la persecución, el injusto derramamiento de sangre y que aún así deciden con valentía ¡ser testimonios vivos de la fe cristiana! 

Testimonios como éstos nos animan y nos comprueban que nosotros también podemos ser esperanza para el mundo. Pero, como dice Francisco, necesitamos memoria y coraje, para así poder ser un joven como San Juan que se atrevió a seguir a Jesús y no como el joven rico que por la comodidad de vivir apegado a sus riquezas, se retiró triste después de hablar con él. 

Las JMJ son una gran oportunidad para conocer más nuestra fe, con nuestra Iglesia. La próxima será en Panamá en 2019, así que te invito y te animo a que formes parte de esta gran aventura de la juventud católica para que en ese año podamos gritar juntos: ¡esta es la juventud del Papa!

 

Por: Ángel Gaibor

 

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