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JOSE MANUEL RODRIGUEZ Por Mag. José Manuel Rodríguez Canales
Director Académico del Instituto para el Matrimonio
y la Familia – http://roncuaz.blogspot.com/

 

“Tengo que ir a tapar los canarios. Si no lo hago, tu mamá se va a molestar”. Dijo mi papá. Mamá estaba casi agonizando en una clínica. La frase escueta y sus razones fueron un reflejo del amor inmenso que mi buen papá vive con mi mamá. Vi en su gesto la voluntad férrea de seguir viviendo para su mujer, de cumplir sus encargos sin importar lo que estaba ocurriendo. Había que tapar los canarios.

Y me pareció que había en esa frase algo ritual, como de liturgia familiar, de lo que se hace todos los días por otro durante años, eso que ya no se piensa,una de esas cosas que ligan para siempre el amor de los hombres y el de Dios. 

Con un dolor inmenso que lo tenía agotado casi hasta caer dormido de tristeza, todavía tenía fuerzas para pensar en el encargo cotidiano (maldita gracia le hicieron los canarios, pero son de mamá y eso los volvió amables). Como un perro que de repente se queda sin dueño y no tiene más reacción que sentarse en la puerta a esperarlo. Como un palomo al que le matan a la compañera y baja a ver si con el pico la puede despertar. Como uno que vive de la memoria del ser querido y tiene ya la mitad del corazón en la eternidad.

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Yo te bendigo papi y a ti mami por la roca que han sido, que son y que yo sé serán para siempre. Por ser juntos ese lugar seguro para el alma de cada uno de sus hijos, de sus nietos y de quién sabe cuántos más. No los canonizo queridos papás, se de sus dolores y defectos, pero ya nada de eso importa porque lo único que va quedando es el amor, sí, esa materia, la única que vale la pena y en la que nos examinarán al final de nuestros días.

Es un infinito honor ser su hijo.

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