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Disfruta la etapa de ser mamá y deja atrás los temores.

¿Embarazada? ¡Felicitaciones! Por delante se abre un camino repleto de ilusiones en el que crearás un vínculo con tu hijo que será más fuerte de lo que puedas imaginar. Sin embargo, es inevitable que también aparezcan numerosas dudas. “¿Seré buena madre? ¿Tendré fuerzas para los momentos más difíciles? ¿Y si no soy capaz de darle todo lo que necesita al niño?” Estas preguntas aparecen con mayor frecuencia en la mente de las madres primerizas, quienes se enfrentan por primera vez al reto de la maternidad. Pero hay que confiar en que todo va a salir bien y con mucha responsabilidad y ofreciendo amor, el resultado será siempre positivo.

Importancia del descanso

La madre debe procurar seguir las recomendaciones de sueño, ya que la falta de este hará que todo parezca aún más difícil. Una vez que haya nacido el bebé y este no deja dormir de noche, hay que procurar recuperarse durante el día mientras el pequeño se echa una siesta y otra persona lo vigila.

Aunque la madre no logre conciliar el sueño, el simple hecho de cerrar los ojos y respirar profundamente ayudará a relajarse. En estos momentos no se recomienda recibir visitas. El descanso es indispensable para cualquier persona, y es la forma natural que tiene todo organismo para recuperarse y mantenerse funcionando a tope. Algo indispensable para la madre.

También hay que recordar la alimentación. Se debe evitar comidas con alto valor calórico y de grasas. Esta puede provocar cambios muy rápidos en el nivel de azúcar en la sangre, aumentando la ansiedad y ocasionar un bajón tras el primer efecto de satisfacción. Otros productos como la cafeína son un estimulante que puede provocar ansiedad e interferir con los patrones de sueño.

No te olvides de ti

La estabilidad del niño es una misión de la madre. Pero la mujer también debe recordar que si ella se fuerza hasta el extremo es posible que termine afectando al cuidado de su bebé. Para cuidarse nada mejor que el ejercicio. Una buena opción es caminar de 20 a 30 minutos, dos o tres días a la semana. Hay que procurar andar o subir y bajar escaleras siempre que sea posible.

También hay que prepararse para los imprevistos. Hay que asimilar el hecho de que habrá días en que el bebé actuará de forma que haga sentir a la madre abrumada, y días en que parecerá que no se ha hecho nada sino alimentar y cargar en brazos al bebé. En otros, el niño enfermará y se le verá mal. Pero actuando con responsabilidad e inmediatez, todo acabará por pasar.

 

Vía: Hacer Familia

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