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El dolor provocado por una desilusión amorosa a veces puede arrasar con todo a su paso.

Romper una relación puede provocar un tsunami emocional, siendo esto susceptible de volverse una verdadera y propia enfermedad. Vemos cómo cuando las emociones no se expresan, es el cuerpo que habla, por lo que no debe ser pasado por alto. Recuperarse de un “mal de amor” significa decidir cuidar de uno mismo, dejar de esperar el regreso, vivir las etapas del luto y atreverse a pedir ayuda.

Denis Sonet, sacerdote católico fallecido en 2015, y gran especialista del corazón y sus tormentos, daba consejos muy concretos a quien sufría mal de amores. Aquí algunos de ellos:

  • Antes que nada para dormir lo mejor posible, es importante encontrar a una persona que nos escuche y a quien contarle nuestra tristeza, desilusión y malestar.
  • Después, debemos darnos cuenta de que se le ha dado un poder exorbitante a una persona, el poder de hacernos existir y destruirnos.
  • Y también es esencial dejar de esperar su regreso. No se puede recuperar de la “enfermedad del amor” hasta que uno adquiere la certeza de que el ser amado nunca volverá.

Los pequeños también sufren por mal de amores

Los padres sonríen, frente al mal de amores de los hijos, o los amigos les consuelan diciéndoles: “pierdes uno y ganas cien”. Sin embargo, el mal de amores siempre se considera algo serio. En un niño puede causar un trauma de abandono que, aunque parezca algo benigno, esta herida no curada puede volver a aparecer cuando alcanza la juventud o la edad adulta.

¿Cómo ayudar? Poner nombre a las emociones sirve de mucho, al igual que el apoyarse en otras relaciones más duraderas. padres, hermanos, amigos… Pero sobre todo para superar esta pérdida es necesario apostar por la confianza en el otro, en el amigo, y en uno mismo y saber que su entorno toma en serio lo que le está pasando.

 

Vía: Aleteia

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