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Cuidar y atender a un perro es una experiencia que ninguna persona tiene que perderse.

Quiero platicarte la historia de mi eterno amigo Wolfgang Artorius, “Wolf”, un cocker spaniel tremendo, un guerrero de la vida con el corazón más grande que haya conocido. Wolf me dio muchas lecciones, y tal vez podrían servirte a ti que estás en un momento de decisión, quizá tus hijos quieran un perro y tú no sepas qué tan buena idea sea.

A Wolf lo conocí cuando tenía dos días de edad, era un “sujeto” aún incapaz de abrir los ojos. Cabía perfectamente en la palma de mi mano y fue una de las primeras decisiones “rebeldes” que tomé. En ese entonces, mi madre no estaba de acuerdo en que tuviéramos mascotas por lo reducido del espacio en que vivíamos, pero de todos modos llevé a Wolf escondido en la bolsa de una chamarra, aun a sabiendas de que tendría problemas. Les comparto algunas lección que me dejó mi hermoso perro.

1. Responsabilidad

Durante el trayecto, recuerdo bien, íbamos en el coche de mi padre, el espíritu aventurero de Wolf comenzaba a manifestarse y terminó por perderse dentro del carro. Ya en casa, y con el regaño de por medio, la sentencia fue clara: “Es tu perro y tú lo cuidas”. Y esa fue la primera lección que aprendí: las decisiones llevan la responsabilidad de por medio.

2. Estar siempre atento

La tristeza con la que te cuento esto es exactamente del mismo tamaño que la alegría en que lo recuerdo.

Y así fue, Wolf creció como un sobreviviente. Su tamaño hacía imposible que fuera detectado por las noches, muchas ocasiones estuvo a punto de ser aplastado por nuestros enormes pies hasta que sus lloriqueos nos despertaban camino al baño. Segunda lección: en la vida hay que abrir los ojos a cualquier hora del día.

3. La importancia de las reglas

Wolf creció y se volvió tremendo, en gran medida porque no recibió una educación “apegada a las reglas”. Esto me generó problemas en casa, por supuesto. Otra lección: los seres vivos necesitamos una línea para seguir, Wolf tuvo que asistir a una escuela canina, pero la verdad fui envidioso, quería ser yo su único guía.

4. El dinero no es la felicidad

Wolf tuvo mucho amor. Siempre estaba por delante de mí y ladraba cuando se acercaba algún desconocido, me dio seguridad. Sabía que el caminar a la tienda sería una experiencia diferente todos los días. Wolf nos acompañó a ferias, a parques, era un viajero y siempre era alegre. Otra lección: no importaba si había o no dinero, pasarla bien es lo más importante de la vida.

5. No tomes consejo de tus miedos

En una ocasión, Wolf y mi familia salimos de paseo a un parque con un tremendo lago, es quizá uno de los mejores recuerdos de mi vida. Corríamos sin un objetivo definido, éramos libres. El aire que golpeaba la cara de Wolf cuando regresaba a mí para arrollarme es ahora un momento indescriptible. El lago estaba a un lado del camino, Wolf detectó unos patos y sin pensarlo dos veces ¡se aventó por ellos! Segundos después, él y nosotros recordamos que nunca había nadado en su vida y cuando estaba a punto de meterme para rescatarlo, su instinto lo hizo nadar y salir sano y salvo. Pese a que al salir su rostro era de un tremendo susto, Wolf repitió la acción una vez más. Lección: Confía en tus capacidades y talentos, y nunca tengas miedo de actuar.

6. La felicidad va más allá de las limitaciones

En los últimos años, Wolf sufrió un accidente que lo dejó con una pata en mal estado. Ya no podía correr como antes pero eso nunca le importó. Aun cuando ya no nos veíamos como antes, siempre fue el más alegre al verme, no le importó no poder caminar normalmente, era feliz y siempre fue hacia adelante. Lección: la fuerza de voluntad es muy poderosa, siempre movida por el amor y el deseo de vivir.

El 23 de octubre del 2014 cargué a Wolf por última vez, cerré sus ojos y lo besé como él besó a mi hijo cuando lo conoció. Ya no se movía, pero yo estoy seguro que me escuchó y supo que dejé lo que estaba haciendo para correr a su encuentro cuando me dieron la noticia.

Wolf me enseñó que la vida eterna sí existe, porque ahora ha trascendido y es parte de mi alma y de la de mis hermanos.

Wolf fue un eslabón en mi familia en un momento complicado entre mis hermanos y padres. Wolf fue la estrella que nos mantuvo unidos con su magia y sus lecciones que, dicho sea de paso, nos dio una y otra vez sin poder hablar. Wolf y sus orejas curaron mis heridas cuando la juventud te hace creer que eres invencible en asuntos amorosos. Wolf me enseñó que 10 años son completos para vivir una vida plena y que siempre hay tiempo para sonreír y festejar. Wolf me enseñó que la vida eterna sí existe, porque ahora ha trascendido y es parte de mi alma y de la de mis hermanos.

Estas lágrimas son para ti, amigo mío, que sé que me estarás leyendo al pie de la barca, esperando para cruzar juntos al otro lado. Los perros son la mejor experiencia que puedes darle a un niño, sin necesidad de las palabras. No los prives de la mejor lección en la vida.

Vía Familias.com

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