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A través de sus encíclicas, visionó algunos de los acontecimientos que vivimos en la actualidad.

 

Giovanni Battista Montini Alghisi, mejor conocido como Pablo VI, fue ordenado sacerdote en 1920, estudió diplomacia en Roma, entrando a formar parte de la secretaría de Estado Vaticana en 1923. Como consiliario eclesiástico de la Federación universitaria tomó parte en los conflictos de esta organización con el régimen de Mussolini.

Durante la guerra, llevó a cabo una importante labor al frente de la Comisión Pontificia de Asistencia. Sus firmes posturas frente al régimen italiano de la época y enfática tarea pastoral lo condujeron al arzobispado de Milán en el 1954, alejándose así del Vaticano. Sucedió al “Papa bueno”, San Juan XXIII, a quien ayudó estrechamente tras haber sido nombrado cardenal.

En  su papado tomó el nombre de Pablo para indicar su misión renovadora, en todo el mundo, de la difusión del mensaje de Cristo. Reabrió el Concilio Vaticano II y se hizo cargo de la interpretación y aplicación de sus mandatos.

 

Devoción a Santa María

Pablo VI fue un gran devoto de la Virgen María, a quien llevó en sus discursos hacia congresos marianos y reuniones mariológicas. Tres de sus ocho encíclicas se centran en la madre de Jesús y durante el Concilio Vaticano II nombró a María como madre de la Iglesia, citando enseñanzas de Ambrosio de Milán.

Tras haber vivido dos guerras mundiales, Pablo VI buscó el diálogo con el mundo, con otros cristianos, otras religiones y ateos, sin excluir a nadie. En la película lanzada en 2008 “El Papa en la Tempestad” (dividida en dos cintas), el director Fabrizio Costa, retrata a un humilde servidor de la humanidad que luchó por la libertad, la democracia y el bienestar a favor de los pobres del tercer mundo y la familia; muchas veces contraponiéndose a sus allegados.

Pablo VI fue el primer pontífice en peregrinar a Tierra Santa, en hablar a las Naciones Unidas, en dejar el Vaticano para visitar a los países más pobres, y renunció a la tiara1 para dar la recaudación de la venta a los pobres del mundo, al igual que lo hizo con su herencia familiar.

 

Humanae vitae: Una encíclica profética

De sus ocho encíclicas, la más conocida es la Humanae vitae, publicada el 25 de julio de 1968. En esta encíclica se reafirmó el punto de vista tradicional de la Iglesia católica sobre el matrimonio, las relaciones conyugales y la condena permanente al control de la natalidad artificial.

En la encíclica, el Papa profundiza acerca del amor conyugal y asegura que es “esa singular forma de amistad personal en la que marido y mujer comparten generosamente todo, sin permitir excepciones no-razonables y no pensando únicamente en su propia conveniencia. Quien realmente ama a su pareja, ama no solo por lo que recibe, sino porque ama a la pareja, por el propio bien de esta, para poder enriquecer al otro con el don de sí mismo.76”

Janet E. Smith, profesora de estudios generales de la universidad de Notre Dame, en un artículo titulado “El Papa Pablo VI como profeta” (1988) repasa y comenta las “profecías” hechas por el Papa en aquella encíclica, y que aseguró sucederían, si se ignoraban las enseñanzas de la Iglesia acerca de la anticoncepción.

Han pasado más de cuatro décadas del lanzamiento de la encíclica y dos desde que el artículo fue publicado y aún se confirma la veracidad de aquel documento como referente válido para la construcción del matrimonio y la recta sexualidad.

El Papa primero señaló “el camino fácil y amplio que se abriría a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad” con el uso a gran escala de la anticoncepción. Además, aseguró que “el hombre” perdería el respeto por “la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico” llegaría a “considerarla como simple instrumento de goce y no como compañera, respetada y amada”.

Los avances científicos de la época no permitían a las naciones ver aquello que Montini visionaba con lamento. Las advertencias con respecto a la anticoncepción se reflejaron como un “arma peligrosa… en las manos de autoridades públicas despreocupadas de las exigencias morales”.

La última advertencia que el pronto beato Pablo VI dio al respecto es que llevaría al hombre a pensar que tiene un dominio sin límites sobre su cuerpo.

El resumen inicial del artículo, acentúa que “el Papa reconoció también que los esposos podrían tener dificultades para adquirir la auto-disciplina necesaria, para practicar los métodos de la planificación de la familia que requieren la abstinencia periódica, (métodos naturales). Pero pensó que ello era posible, especialmente con la ayuda de las gracias sacramentales”.

En la Humanae vitae, el Papa Pablo VI les imploró a los sacerdotes, a los médicos, a los educadores y a los esposos que promovieran las enseñanzas de la encíclica. Juan Pablo II reiteró esta súplica que debe seguir difundiéndose.

Incluso su muerte podríamos decir que fue profética, al haber escrito en su Meditación ante la muerte: “me gustaría, al acabar, encontrarme en la luz… En cuanto a mí, querría tener finalmente una noción compendiosa y sabia del mundo y de la vida: pienso que esta noción debería expresarse en reconocimiento: todo era don, todo era gracia”. Falleció en la fiesta de la Transfiguración. 

 

1. Es una mitra alta con tres coronas de origen bizantino y persa que representa el símbolo del papado.

 

Por Juan Felipe Torres
Editor
jtorres@revistavive.com

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