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A continuación presentamos la respuesta de una especialista a esta interrogante de uno de nuestros lectores: «Mis papás se van a divorciar, ¿qué hago?»

Cuando un joven, adolescente o niño me hace esta pregunta siempre empiezo aclarando que la separación de los padres es vivida por los hijos como un duelo. Por lo tanto esta situación lo afectará negativamente bajo cualquier circunstancia. No hay ni habrá nunca una receta perfecta que anestesie lo que puedan estar sintiendo en ese momento. Aunque a veces encontremos chicos que aparenten lo contrario, recuerda que algunos logran bloquear, negar o reprimir sus emociones. Pero esto no significa que no les afecte.

Tienes el poder de controlar tus emociones

Con esto en mente, espero que si lees estas líneas puedas aceptar y reconocer que lo que sientes es válido. Somos personas con afectos y sería imposible pensar que podemos vivir alguna situación así de difícil y no sentir nada. Además, debes reconocer hasta dónde llega tú control. Si tus padres han tomado esta decisión te aconsejo que reconozcas que puedes influir en tus emociones y en tus acciones. Esto no significa que puedas influir en la de los demás. Es decir, si tus padres discuten frente a ti esa es una situación específica donde no puedes hacer nada para que se detengan. El que se calmen o que solucionen sus problemas de un modo diferente dependerá solo de ellos. Sin embargo, sí puedes influir en lo que estás sintiendo, pensando y decidiendo por ti mismo.

Ante el divorcio de un padre es normal para los hijos sentir rabia, angustia, miedo, decepción, desesperanza, culpa, tristeza, incomodidad, confusión, frustración, entre otras. Y esto que sientes, puede estar relacionado estrechamente con tu pensamiento: “No los quiero, por su culpa estamos sufriendo todos”, “¿y ahora, qué haremos sin padre/madre en casa?”, “no soportaría la idea de una madrastra o padrastro”, “cómo pueden decidir separarse y no importarles lo que yo siento”, “todo esto es mi culpa, yo debí ser mejor hijo(a)”, “¿lo volveré a ver, qué haremos para los cumpleaños, navidades, fiestas en general? ¿Qué pasará cuando se vuelvan a encontrar?”, “No puedo soportarlo”, y así podrías enumerar muchos más pensamientos que se vienen a la cabeza.

Inicia un análisis interno

Te animo a que detectes cuál es tu sentimiento. Conecta con tu corazón y reconoce lo que sientes frente a lo que estás viviendo para luego reconocer lo que piensas de la situación. Solo así podrás comprender las decisiones o acciones que estás tomando. Con esta objetividad podrás analizar si lo que estás haciendo en este momento te está ayudando u obstaculizando tu vida actual.

Permítete expresar tus emociones y conversa con alguien”

Hecho este análisis interno de autoconocimiento, permítete expresar tus emociones. Conversa con alguien y cuéntale abiertamente lo que sientes y piensas. Todos necesitamos desahogar y la palabra es una vía efectiva de hacerlo. Busca distracciones, no dejes de hacer lo que hacías antes, en este momento es muy probable que quieras dejarlo todo. Sin embargo, esta opción no es lo que te conviene.

No juzgues ni critiques a tus padres, ellos no son perfectos, nadie lo es. Míralos con compasión y estrecha tu relación con quien te puede estar costando más, demuéstrales que los quieres incluso en este momento tan difícil. Guarda tu distancia ante la problemática de ellos, no entres en el juego del mensajero o comunicador. Y lo más importante: prepárate con mayor ahínco para aprender a amar. Que tus padres hayan pasado por esto no significa que tú también lo pasarás. No basta con que te prepares solo en lo académico. Prepárate también para que puedas algún día entregarte a otra persona para toda la vida y logres vencer todos los obstáculos que puedan presentarse.

“No entres en el juego del mensajero o comunicador.”

No pierdas la esperanza

Si aún después de intentar todo lo anterior y de darte un tiempo apropiado, siguieras atascado en tus emociones negativas no dudes en buscar ayuda profesional.

Te dejo esta oración para que puedas repetirla cuando sea necesario: “Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para entender la diferencia”.

Por: Daniella Medina de Massúh

Psicóloga Clínica

Directora académica de IMF

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