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Las malas noticias inundan los medios de comunicación. Las redes sociales están llenas de fotos acerca de la guerra en Oriente, de la corrupción política a la que está sometida la humanidad, de la insensibilidad del ser humano por el medio ambiente.

De la misma manera surgen líderes sociales que convocan a marchas, protestas y manifestaciones buscando generar conciencia, buscando generar un cambio. Todos esperamos que el mundo cambie, que nuestro esposa cambie, que nuestros hijos sean distintos, que nuestros compañeros de trabajo algún día sean diferentes. Sin embargo, pocos piensan en cambiarse a sí mismos.

Quería que ella cambiara

Trabajaba en una compañía como directora de área. Entre mis colegas había una compañera difícil. Las cosas empezaron con una tensa calma y fueron empeorando. Un día pasamos una mañana completa discutiendo sobre una diferencia en unas cifras. El desgaste emocional era altísimo para las dos, y teníamos trabajo atrasado por no poder ponernos de acuerdo.

Propiciar el cambio                                                             

Durante mi almuerzo reflexioné que yo estaba poniendo demasiada resistencia y que lo único que quería era que las cosas se hicieran a mi manera. Al regresar del almuerzo, le dije: “Llevamos horas discutiendo sobre este mismo proceso y es necesario que avancemos, así que, me gustaría que lo intentáramos de la forma como tú lo propones. Si no resulta, podemos hacerlo de la forma en que yo propongo”. Ella aceptó sin vacilar. 

El cambio, es una decisión personal. No puedes cambiar el mundo. Pero, iniciando un cambio en ti, muchas cosas sí pueden cambiar.

Es increíble cómo un sencillo cambio en nosotros puede lograr el cambio en una situación determinada. Nunca esperes que el cambio venga de otros. Cuando algo no funcione, da tú el primer paso.

Esto es aplicable en cualquier relación; en tu matrimonio, con tus hijos, con tu familia, con tu comunidad en general. Tres cosas necesitas para propiciar un cambio en una situación:

Dejar de lado el orgullo. Para dar un paso adelante en una situación que necesita un cambio, es necesario despojarse del orgullo y de todo deseo de tener la razón. El temor a exponer su imperfección puede llevar a las personas a obstinarse con algo, a mantenerse en su error. No tiene nada de malo aceptar que nos equivocamos o que la razón no está de nuestra parte; por el contrario, es un acto generoso que logra unirnos con el otro a través de la empatía.

Ser el primero en ceder. Ante esa situación inamovible que amenaza con convertirse en una muralla difícil de derrumbar, sé tú el precursor, el primero en ceder. Sé el líder de un cambio, por mínimo que sea. Sé el primero en ceder la silla, en levantar un envase aunque no lo hayas tirado tú, en abandonar la discusión y desarmarte, en ofrecer disculpas, en aceptar la responsabilidad.

Mirar hacia adentro. Dejar de señalar y mirarnos a nosotros mismos se hace necesario para avanzar en una dirección distinta que allane un cambio. Es imprescindible reflexionar acerca de la responsabilidad que tenemos en la situación actual y en el cambio que necesita.

El cambio es una decisión personal. Tú no puedes cambiar a tu esposo o a tus hijos, a tu jefe o a tus padres… Tú no puedes cambiar el mundo. Pero la paradoja es que iniciando un cambio en ti muchas cosas pueden cambiar y ser diferentes. Cuando pienso en la introducción del artículo, creo que aún tenemos la posibilidad de cambiar las circunstancias personales que rodean nuestra vida y de esa manera impactar a la sociedad y al mundo en general. Aún es posible: ¡el cambio nace en ti!

Vía Familias.com

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