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Don Bosco decía: “no hay malos jóvenes, sino jóvenes mal orientados”.

Diariamente escuchamos las frases: “la juventud de ahora está perdida” o “los jóvenes de hoy no tienen remedio”. Se nos atribuye la culpa de casi todos los problemas de la sociedad, como si fuéramos los causantes de la decadencia moral imperante.  Se sostiene que nosotros los jóvenes somos parte del problema, mas que no podemos ser parte de la solución. Se nos juzga mucho, pero no se nos escucha.

Los problemas familiares han coadyuvado a que los jóvenes seamos presa fácil de varios problemas, tales como el alcohol, las drogas, las pandillas, la sensualidad desenfrenada; problemas que no solo nos hacen daño, sino que nos han estigmatizado ante la sociedad. Don Bosco decía: “no hay malos jóvenes, sino jóvenes mal orientados”.

En este sentido existe una frase muy trillada: “la juventud es el futuro de la patria”. Pero yo creo que debemos cambiar aquella por otra: “la juventud es el presente de la patria”. Los jóvenes estamos llamados a ser ejemplo y luz en el mundo de hoy. Estamos llamados a hacer algo grande: a cambiar el mundo, esto significa a ser santos.

¿Ser santos? Sí, ser santos. Muchas veces creemos que la santidad está reservada para los religiosos, personas adultas o de edad avanzada, pero no es así. Tú y yo, como jóvenes, somos parte de este llamado a ser santos. Claro está, que cada persona, desde su estado de vida, aporta y crece en santidad. Los religiosos desde su vida consagrada, los laicos desde su trabajo, sus estudios y/o su matrimonio, y así, cada ser humano desde su rol en la sociedad trabaja cada día por conseguirla.

Él confía en que tú y yo podamos ayudarlo a pastorear sus ovejas. 

La santidad es una misión, es como un anhelo que Dios infunde en todos los hombres y mujeres. Llevar una vida santa no solo es  rezar o pasar el tiempo metido en la Iglesia, sino también reír, estudiar, salir con tus amigos a divertirte sanamente, conversar; pero siempre tomando en consideración que se lo debe realizar con todo el corazón, por amor a Dios, y buscando agradarle con nuestros actos y pensamientos. 

Tanto así que un gran santo decía: “brinca, juega, haz lo que quieras, pero por Dios, no peques”. Tú y yo podemos ser santos sin pecar. Asimismo, tú y yo, como jóvenes, con nuestras imprudencias y aciertos, con nuestra intrepidez y anhelos de cambio, con nuestra esperanza y alegría, podemos hacer del mundo un mejor lugar donde vivir; podemos ser santos.

Muchas veces a los jóvenes se nos cree incapaces de ejecutar grandes obras, hecho que puede deberse a la desconfianza que tienen en nosotros, o a la inexperiencia inherente a la juventud; pero quiero decirte que Jesús confía en ti. Él confía en que tú y yo podamos ayudarlo a pastorear sus ovejas. 

Por esto quiero animarte a que te atrevas a vivir la aventura de seguir a Jesús porque te aseguro algo: ¡no te vas a arrepentir! El mundo te va a resultar bastante seductor y que te querrá apartar del camino correcto, pero al final, no te llevará a nada bueno ni productivo, solo seguir a Jesús, te dará la corona de la santidad. 

 

Por: Ángel Eduardo Gaibor  

 

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