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El trato que damos a nuestra familia y la preocupación que le ponemos a los pequeños detalles de cada día enriquecen a nuestro hogar y a la sociedad.

Salir de casa todos los días y despedirnos con cariño de la esposa, del esposo y de nuestros hijos; animarlos a que se esfuercen para que obtengan un buen rendimiento académico y reforzar los valores que les enseñamos, es sembrar la responsabilidad social en la familia.

Todo el afecto que brindemos a quienes conforman nuestro núcleo familiar, repercute en el entorno que nos rodea. Aquí deberíamos preguntarnos: ¿Estamos pendientes de comunicarnos durante el día con el cónyuge y con los hijos? ¿Somos conscientes de que ahora contamos con toda la tecnología que nos permite conversar, y algunas veces hasta mantener diálogos mediante imágenes en vivo? ¿O buscamos justificaciones para la falta de comunicación, mencionando la conocida frase: “es que no tengo tiempo”? Nuestra familia es lo más importante. La esposa, el esposo y los hijos deben ocupar el primer lugar en nuestra atención diaria. Pero todo esto va de la mano con el orden que también debemos llevar en el trabajo, donde debemos poner nuestro interés y esmero.

Responsables desde el hogar

Cada persona, desde el rol que ocupa en su familia, puede sembrar responsabilidad en su vida.

Los hijos: estudiando bien, concentrándose en lo que se les explica o en las actividades que realizan en clase. Al llegar a la casa, teniendo un horario de estudios que debe ser flexible, constante y ordenado.

Los padres: ejerciendo bien su labor profesional y entregando su mayor esfuerzo; tratar bien a quienes están bajo su responsabilidad; llevar honestamente las actividades que se efectúan al interior de la empresa donde ganan el pan de cada día.

De esta manera, la familia contribuye al engrandecimiento del lugar donde vive, pues al prepararse bien en todos los aspectos de la vida, cosechará lo que ha sembrado: una sociedad justa, laboriosa y responsable.

Por: Mario Monteverde Rodríguez

Orientador Familiar

 

 

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