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Somos padres. Asumimos nuestra responsabilidad sin ninguna duda y lo damos todo por nuestros hijos. Nos esforzamos tanto por fortalecer, proteger, controlar, corregir, estimular incluso amar que nos olvidamos de algo que lo incluye casi todo: ¡dar ejemplo!

De nada sirve hablar a nuestros hijos de generosidad o de perdón si no sabemos perdonar a nuestros padres.

De nada sirve hablar de planificación y de horarios si no encontramos nunca tiempo para ir a verlos.

De nada sirve hablar de empatía, respeto y de autocontrol si perdemos la paciencia con nuestros padres y les hablamos con desprecio.

¿De qué sirve fomentar la flexibilidad mental en nuestros hijos si no sabemos adaptarnos a las nuevas necesidades de nuestros padres ya ancianos?

Aprovechamos este video, no por el motivo navideño evidente en el video, sino para recordarnos que en ocasiones nos olvidamos de ser coherentes con nuestro plan de vida. Tenemos demasiadas exigencias, para nosotros y para nuestros hijos, pero quizás deberíamos pararnos a pensar cuáles son prioritarias. Si queremos enseñar a nuestros hijos a ser personas completas, que sepan dar y recibir en su justa medida, debemos plantearnos si somos buenos modelos.

 

 

Vía: solohijos.com

 

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