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Una obra maestra de la arquitectura sacra hace parte del cronograma del Papa Francisco durante su viaje apostólico a Ecuador: la Iglesia de la Compañía, íntimamente ligada a la historia de la Compañía de Jesús, la Congregación a la cual ingresó el hoy Papa en 1957. El templo es considerado un “icono del barroco” y es una de las joyas del arte sacro de una ciudad reconocida por la notable belleza de sus templos.

La bella construcción, en la cual el Pontífice tiene programado un tiempo privado de oración, registró en 2014 más de 150 mil visitantes, atraídos por la notable belleza de sus altares y las tallas en madera cubiertas de pan de oro. El templo, que brilla hoy a la luz de un moderno sistema de iluminación, presenta una rica decoración y una armónica simetría inspirada en los templos del Gesu y de Sant’ Ignazio en Roma. A pesar de su notable brillo e intricadas figuras, el arquitecto Diego Santander, quien dirige la fundación encargada del mantenimiento del histórico templo, afirmó a Catholic News Service que la totalidad del oro empleado en la construcción apenas pesaría algo más de 100 libras.Varios detalles arquitectónicos, como un motivo solar sobre la entrada principal y en el domo, revelan la mezcla de la influencia europea y la arquitectura del Nuevo Mundo.

El templo fue lugar de un milagro cuando en la escuela adjunta al mismo una impresión de Nuestra Señora de los Dolores abrió y cerró sus ojos repetidamente durante unos 15 minutos.

El altar principal conserva las reliquias de Santa Mariana de Jesús, la Santa seglar quiteña destacada por una vida de intensa piedad y notable pureza que aplicó en su vida de manera ejemplar la espiritualidad de los Padres Jesuitas que la dirigían. Esta Santa recibió el reconocimiento civil como “Heroína de la Patria” por parte del Congreso de Ecuador en 1946, ya que ofreció su vida y sufrimientos a cambio de la preservación de Quito de una serie de terremotos y de una grave epidemia.

La obra del templo requirió gran esfuerzo y se realizó por etapas desde 1605, ocupando la construcción de la estructura hasta 1670, y las tallas hasta los finales del siglo. La fachada de piedra volcánica no fue terminada hasta 1765, pero justo dos años después del final de la obra, los padres jesuitas fueron expulsados del país y no pudieron regresar hasta 1852, cuando hallaron el templo dañado por el paso del tiempo y un terremoto que afectó sobre todo la torre del campanario. El templo tuvo que ser restaurado y la torre del campanario, afectada por otro sismo en 1868, reducida a cerca de la mitad de su tamaño original.

El templo fue lugar de un milagro registrado el 20 de abril de 1906 cuando en la escuela adjunta al mismo una impresión de Nuestra Señora de los Dolores abrió y cerró sus ojos repetidamente durante unos 15 minutos, hecho atestiguado por 30 niños, un sacerdote y un religioso. En la época se tramitaban leyes para limitar la participación de la Iglesia en la educación y el portento fue visto como una señal para trabajar en favor de preservar esta influencia.

La Iglesia de la Compañía fue sometida a una restauración científica tras el terremoto de 1987, y se requirió el servicio de arquitectos, arqueólogos, historiadores y otros expertos para garantizar el cuidado debido al que es considerado uno de los monumentos de mayor importancia de Quito. En la actualidad los grupos de turistas deben pagar un precio de entrada que contribuye a financiar los gastos de mantenimiento del histórico templo.

 

Vía Gaudium Press 

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