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Quienes visitan Vilcabamba van en busca de distracción para salir de la cansada vida que llevan. 

Hacia el sur del Ecuador, a 40 kilómetros de la ciudad de Loja, está el pequeño y hermoso pueblo de Vilcabamba. Montañas y árboles frondosos rodean este mágico lugar. Todo aquel que decide visitarlo, busca respirar aire puro, encontrar paz y disfrutar de paisajes inigualables. Por las angostas y rústicas calles, caminan personas de diferentes nacionalidades, idiomas y costumbres, con una característica en común: su avanzada edad. Transitan de manera tranquila, con una sonrisa en el rostro y saludando a todo aquel que se cruce en el camino.

La mejor forma de conocer cada rincón de este valle, es con un paseo a caballo. Ahí conocimos a Don José, un hombre con muchos años encima; pero, que por su apariencia y forma de ver la vida, no parecía tenerlos. Él vive del servicio de excursión a caballo, atendiendo a muchos turistas cada año.

¿Cómo puede caber tanta belleza, variedad natural e historia en un lugar tan pequeño?, es la pregunta de todo aquel que visita Vilcabamba. Ésta y todas las dudas que se generan en tu cabeza acerca del lugar, solo las puedes despejar con este viaje.

La primera parada que realizamos fue en el centro del pueblo. Nos encontramos con una Iglesia, una de las más bellas del país, es impresionante cómo su arquitectura se mantiene a pesar de los años. A sus pies está ubicado un parque, el único en el pueblo. Pintores, cantantes y bailarines se reúnen cada fin de semana y exponen su arte, con el fin de recaudar algo de dinero.

vilcabamba loja ecuador

Con el andar, se puede observar cómo pasan una tras otra, las casas de construcción pintoresca, de madera, de barro y unas cuantas de cemento. Casas que ni las fuertes lluvias, ni vientos, han podido derrumbar. El recorrido continúa por un puente en donde se ve el cruce de los ríos Chamba y Uchima, agua cristalina y de baja temperatura, la cual con fuerza circula todos los días. Las personas que habitan en el lugar comentan que aquí se encuentra la fórmula de la longevidad, pues según estudios científicos, esas aguas poseen sustancias medicinales que permiten a las personas vivir por muchos años.

Después de ese “puentecito”, se terminan en un abrir y cerrar de ojos las calles asfaltadas. Los huecos y piedras por todo el camino, hacen que ese viaje placentero a caballo, se convierta en un incómodo dolor de espalda, propio del movimiento del galope. Por suerte, al poco tiempo desaparece cualquier malestar, pues comienza una travesía en medio de un bosque. Nos internamos en medio de un lugar mágico, lleno de árboles, flores de todos los tamaños y colores, aves e insectos que en mi vida hubiera imaginado que existían.

“Pepe”, como le decíamos de cariño a nuestro guía, nos contó a mis compañeros de excursión  y a mí, que famosas estrellas de cine viajaban con regularidad a Vilcabamba, que en medio de ese bosque hay casas lujosas, de las cuales no muchos conocen. Ahí se alojan por unos días y nadie se entera. Todos ellos acuden al lugar en busca de distracción y para salir de la tan cansada vida que llevan. Además, de que son atraídos porque a nivel mundial se conoce al lugar, por poseer el elixir de la vida eterna.

parque vilcabamba loja

 

El viaje termina en el mismo lugar en donde empezó, en el centro del pueblo, en el parque. Ahí nos esperaba un cielo de color celeste imponente, que parecía chocar con los altos árboles. Realizar un paseo de estos, es una actividad fascinante. Se conoce todo: cada rincón del pueblo, gente amable, anécdotas, leyendas y vivencias de las personas que ahí habitan. Cosas que ningún libro de historia puede contar. Vilcabamba es la “isla de la longevidad”, un lugar “donde el tiempo se detiene y la vida se alarga”.

 

Karen Galarza

Estudiante de Comunicación UEES

 

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