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Mi esposo y yo vivimos una espera de casi cuatro años para que lleguen nuestros dos hijos. Nos aferramos a Dios y a la Virgen María. Confiamos que eran tiempos de espera, parte de su plan. Nos debíamos enfocar en los sueños y proyectos que queríamos emprender en familia. 

En este tiempo de espera el Señor nunca dejó de mostrarnos el camino. Pero no éramos los únicos en esta situación. “Cerca del 20% de las parejas son infértiles”, afirma el máster en bioética José López en su manual para parejas infecundas: Cuando el hijo no llega. 

La experiencia de varios matrimonios que no tienen la posibilidad de tener hijos es similar: “Cuando consultamos a los médicos, muchos de ellos nos recomendaban la fecundación in vitro (FIV) de forma rutinaria, sin antes investigar o tratar los problemas médicos que impiden la concepción”.

En vista de esta problemática es importante enfocarnos en la luz de la verdad. La doctrina de la Iglesia, como las alternativas morales, están disponibles; pero son pocos los que conocen estos recursos que afirman la vida. Por esta razón, quiero mencionar algunos puntos importantes sobre los que debemos reflexionar.

1) El matrimonio y la esterilidad

Debemos tener siempre presente nuestras promesas matrimoniales; donde Dios mismo invita a los cónyugues a vivir una comunión humana, confirmada, purificada y perfeccionada por la comunión en Jesucristo, dada mediante el sacramento del matrimonio. “Los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio”. (CIC, 1654)

2) Parientes y amigos

Es importante ser prudentes, comprensivos y saber acompañar a los esposos que aún no han podido tener hijos, para que la pareja asuma su realidad con paz y humildad. Como consejo puedo compartir que es mejor dejar que la pareja tome la iniciativa en abordar el tema.

Por otro lado, los esposos que viven y sufren la infertilidad deben aprender a superar las tentaciones destructivas, como el enojarse, renegar o evitar la cruz santificadora que Dios ha permitido que vivan como pareja.

3) Medios morales y eficaces

Los matrimonios católicos que sufren el dolor de la infertilidad y la presión de ciertos médicos, pueden sentirse tentados por la fecundación in vitro (FIV); pero existen medios morales y eficaces para combatir la infertilidad, alejados de los riesgos que esta técnica tiene para la salud de los bebés y sus mamás.

Según el Informe de la Sociedad de Tecnologías de Reproducción Asistida (SART), en Estados Unidos,  en el 2012 se realizaron 165 mil procedimientos de fertilización in vitro (FIV), una cifra verdaderamente alarmante. En esos intentos, usualmente los técnicos involucran a más de un embrión. La inmensa mayoría de esos bebés no sobreviven los procedimientos antinaturales de descongelación y transferencia al cuerpo de la mujer.

El hijo no es un capricho ni un derecho para el desarrollo personal de la pareja, tiene que ser el fruto del cariño de los esposos, no puede venir a llenar una ausencia, se debe acoger como un tesoro y no comprar ni adquirir en una caja de petri.

4)  Un regalo de Dios

El hijo no es un derecho sino un regalo que viene de Dios, es el don más excelente del matrimonio. El hijo no puede ser considerado como un objeto de propiedad. Lo que conduciría al reconocimiento de un pretendido ‘derecho al hijo’. Bajo esta idea, solo el hijo posee verdaderos derechos: el de “ser el fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres, y también el derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción”. (CDF, instr. “Donum vitae” 2, 8)

5)  La esterilidad no es un mal

El Evangelio enseña que la esterilidad física no es un mal absoluto. “Los esposos que, tras haber agotado los recursos legítimos de la medicina, sufren por la esterilidad, deben asociarse a la Cruz del Señor, fuente de toda fecundidad espiritual. Pueden manifestar su generosidad adoptando o realizando servicios abnegados en beneficio del prójimo” (CIC, 2379).

6) Informarse y prepararse

Mi esposo y yo tuvimos la bendición de formarnos en el Método de Ovulación de Billings; donde pudimos aprender e identificar los días de mayor fertilidad. Nos dejamos guiar por la Santa Intersección de la Virgen María y pudimos recibir del cielo el hermoso don de la vida de nuestros dos hermosos hijos.

Por esto que invito a las parejas que viven una dulce espera que busquen ayuda profesional y decidan emprender el aprendizaje de métodos modernos de planificación natural de la familia. Éstos han ayudado a muchos matrimonios a concebir, a través de la determinación de los días más fértiles del ciclo de la mujer.

Asimismo, reto a las parejas a darse la oportunidad de acudir a un profesional de la salud. Estos, especializado en brindar servicios de salud integral, les permitirá enfocar su vida y sus objetivos. Así podrán decidir hacer cambios fundamentales en su estilo de vida: alimentación, actividad física, hábitos de vida, ritmo de trabajo, periodos de descanso, desintoxicación de excesos por comida, alcohol, cigarrillo y por el uso de anticonceptivos.


Por: Dra. Rosa Angélica Aguirre

Instructora de Método de Ovulación Billings

Msc. Nutrición y Alimentación

dra.raguirre@gmail.com

 

 

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