Ante la crisis jurídica que vive el Ecuador hoy hay voces de movimientos, personas e incluso sacerdotes que justifican la pena de muerte para cierto tipo de delitos. Es necesario tener claro lo que dice la doctrina de la Iglesia Católica:
- La Iglesia no ha sido abolicionista siempre. Durante siglos, se admitió la pena de muerte como un mal menor en ciertas circunstancias, sobre todo cuando no existían medios seguros para proteger a la sociedad.
- El cambio se ha producido por desarrollo doctrinal, no por ruptura. El principio siempre fue: la autoridad legítima puede aplicar penas proporcionadas. Pero con el tiempo, esas penas han de respetar más la dignidad del reo.
- El Catecismo fue reformado en 2018 por el Papa Francisco, con la siguiente fórmula, que es doctrina oficial: «La Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona»(CEC, n. 2267)
- Este cambio se apoya en los pontificados anteriores. San Juan Pablo II ya decía en Evangelium Vitae que los casos en que fuera “absolutamente necesaria” “son muy raros, por no decir prácticamente inexistentes” (n. 56).
- Benedicto XVI también afirmó en 2011: “Hoy en día, como resultado de los medios cada vez más eficaces para reprimir el crimen, los casos de ejecución son innecesarios.”Y añadía que esto encaja con la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural.
- El Papa Francisco en Fratelli tutti (2020), n. 263: “La pena de muerte es inadmisible y la Iglesia se compromete con determinación a proponer que sea abolida en todo el mundo.” No hay ambigüedad. Ni margen.
- ¿Y la Biblia? ¿No dice “ojo por ojo”? Sí… pero Jesús lo corrigió: “Habéis oído que se dijo: ojo por ojo… pero yo os digo: no resistáis al malvado” (Mt 5,38-39) Jesús no vino a confirmar la ley del Talión, sino a superarla con la misericordia.
- ¿Y San Pablo? ¿No habla del poder de la espada? Sí, pero también de obedecer a la autoridad civil, no de justificar penas concretas. Además, en ningún momento Pablo desea la muerte de sus perseguidores, sino su conversión.
- El criterio cristiano no es el de la venganza legalizada ni el de “que se pudra en la cárcel” ni el de “ojo por ojo”, sino la dignidad inalienable de toda persona, incluso culpable. La pena de muerte hoy no tiene justificación católica.
- Y no, no es “doctrina de Francisco” como si fuera una opinión personal. Es enseñanza oficial del Magisterio, en continuidad con los pontificados anteriores, expresada en el Catecismo y en documentos papales.
- Un cristiano no puede apoyar la pena de muerte sin oponerse a la enseñanza actual de la Iglesia. Puede tener dificultades para entenderla, pero no puede contradecirla como si fuera un tema opinable más.
- Si aún cuesta, recemos. Porque a veces el Evangelio nos desinstala de la lógica del mundo. Pero seguir a Cristo no es adaptarlo a mis ideas, sino dejarme transformar por Él.









