La adolescencia es una etapa que puede suponer un auténtico reto.
Anuncia el fin de la infancia, en la que el vínculo entre padres-hijos parece inquebrantable, y el inicio de la adulta. Durante estos años, los jóvenes experimentan profundos cambios físicos, emocionales y sociales que influyen directamente en su comportamiento, en su forma de pensar y en la manera en que se relacionan.
Es habitual que, en esta fase, los adolescentes busquen una mayor independencia y comiencen a cuestionar las normas. Puede dar lugar a conflictos familiares, por lo que los padres deben adaptarse y acompañarlos en este proceso. La comunicación, aunque sea más complicada, ha de mantenerse en todo momento para no perder el vínculo. Descubre, en palabras de expertos, cómo conseguir fortalecer la relación con tu hijo en estos años.
En Instagram, Milena González, psicóloga, y Rafa Guerrero, psicoterapeuta (@unamamapsicologa y @rafaguerreropsicologo), explican que pueden aplicarse hábitos sencillos para conseguir facilitar la relación. Primero, aunque a veces tengas la sensación de que todo lo que dices le incomoda y no sepas bien cómo acercarte, es importante valorar su punto de vista incluso si no lo compartes.
Explican que no es necesario pensar igual ni darle siempre la razón, pero sí puedes escucharle sin interrumpir ni dar sermones. Algo tan sencillo como decir “no lo había visto así, yo lo entiendo de otra forma, pero comprendo tu perspectiva” puede ayudarle a sentirse escuchado y evitar que se cierre.
También conviene elegir el momento y el entorno en el que conversan. Muchos adolescentes se expresan mejor cuando no se sienten presionados ni observados, o cuando perciben que no tienen que cumplir expectativas.
Las conversaciones cara a cara con preguntas directas pueden hacerles sentir que se juzgan, mientras que en situaciones relajadas, como un paseo, un trayecto en coche o cocinando juntos, suelen abrirse más. A veces, menos preguntas y un ambiente tranquilo marcan la diferencia.
Es fundamental respetar de verdad su espacio personal, según los profesionales. Sus amistades, su habitación y su intimidad son importantes para ellos. Respetarlo, a la vez que compartes parte de tu propio espacio, favorece una confianza mutua. Asimismo, es positivo establecer un momento cotidiano que se repita, sin necesidad de que sea algo especial: una conversación durante la cena, antes de dormir o ver una serie juntos puede convertirse en un espacio seguro.
Por último, es importante validar sus emociones, ya sea tristeza, enfado o frustración, sin restarles importancia. No intentes aplicar todos los cambios a la vez; elige un hábito y empieza por ahí. Recuerda que el vínculo se construye con pequeños gestos cada día.
¿Y si se cierra en banda? Esta etapa puede resultar muy compleja para los adolescentes, que no siempre saben cómo afrontar estos años de cambio. Por ello, es importante dejarles su espacio y no presionar para hablar. «Hablar con un adolescente no tiene por qué ser una batalla. Con respeto, escucha y paciencia, puedes construir un vínculo donde se sientan seguros para expresarse», recuerda Silvia Álava Sordo, doctora en Psicología Clínica y de la Salud, vía Instagram (@silviaalavasordo).
Por Sophie Fernández/ser padres
Foto Kindel Media









