Solemos creer que la muerte llega solo cuando el cuerpo físico se va. Pero la muerte es también transformación, es renuncia y es el inicio hacia una nueva vida.
¿Qué sucede dentro de una mujer que se convierte en madre? ¿Qué vive un hombre al convertirse en padre?
Delante de ellos aparece la muerte, no como final, sino como tránsito. No hablo de la muerte literal, sino de aquella que ocurre en vida: cuando una identidad muere para que otra pueda nacer.
Desde el instante en que una mujer concibe, algo en ella comienza a transformarse. Esa mujer que existía antes se va diluyendo para dar paso a una madre. En cada nacimiento muere una parte, y de esa muerte brota lo nuevo: un reencuentro con su esencia, un renacer.
Jesús decía en Juan 12:24: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.” Así también en la maternidad: la semilla de la mujer muere para dar fruto en la madre.
Lo mismo sucede en la vida cotidiana. Pensemos en aquella mujer que siempre encontraba excusas para no levantarse temprano. Una noche promete que al día siguiente caminará veinte minutos. Y en la mañana, al cumplirlo, muere la mujer de la pereza y nace la mujer de la determinación. Esa pequeña muerte le abre paso a una nueva versión de sí misma.
La maternidad es un espejo de este proceso constante. La identidad construida durante años —hábitos, rutinas, vínculos— empieza a transformarse. Puede haber resistencia, miedo a perder lo conocido, pero cuando recordamos que nada es permanente y que todo cambia, reconocemos que esas capas que caen son parte de un ciclo natural. Como la semilla, cada pedacito que se rompe se convierte en abono para lo nuevo que nace.
Y entonces entendemos: la maternidad es un camino de regreso a casa. Es volver a la feminidad, a la memoria del linaje, a la fuerza interior. Es renacer junto con el hijo o la hija, aprender a sostener con mirada, con presencia, con amor.
Santa Teresa de Calcuta decía: “La vida es un desafío, afróntalo. La vida es amor, disfrútalo. La vida es un misterio, descúbrelo.” La maternidad es todo esto: desafío, amor y misterio.
Hoy te invito a mirar la maternidad y la paternidad con estos ojos: no como un perderse, sino como un renacer. A confiar en que cada “muerte” trae consigo un nuevo despertar. Porque detrás de cada final, la vida siempre nos está esperando.
Puericultora y acompañante en maternidad y primera infancia
Correo: amornaciente6@gmail.com









