¿cómo las redes sociales amplifican el acoso?

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Para superar esta realidad es necesario reeducar en lo digital

En la actualidad lo real incluye las dimensiones de lo humano y lo virtual, para las personas la comunicación, el relacionamiento y el consumo de información se desarrollan de forma cotidiana en estos entornos, al igual que la expresión de la cultura a través de sus modos de conducta, y las manifestaciones del comportamiento individual o colectivo. En esta dinámica, las redes sociales son ecosistemas más específicos que crean comunidades a partir de intereses, valores o metas de quienes las conforman, pero también las dinámicas o grupos pueden reflejar, replicar o amplificar expresiones de violencia en general o basadas en el género.

Recrear un perfil o identidad en las redes sociales para captar la atención de audiencias, crear diálogos e interactuar bidireccionalmente con otros, es una forma de exposición pública, ante el efecto viral que se puede dar, se requiere que aprendamos a convivir digitalmente, caso contrario el algoritmo o los usuarios digitales reproducen o se ven expuesto a formas de violencia basadas en el género, como si fuera algo natural, debido a la falta de regulaciones.

El uso de imágenes de mujeres con cuerpos desnudos falsos creados con IA, el ciberacoso con el envío constante de mensajes o comentarios (ofensivos, intimidatorios, amenazantes) insinuaciones o propuestas sexuales inapropiadas, la difusión no consentida de material íntimo o sexual, el uso de la tecnología para vigilar, controlar o restringir la vida digital de la pareja (o ex-pareja) la sextorsión cuando una persona es chantajeada con la amenaza de publicar contenido audiovisual o información personal de carácter sexual, son algunas de las prácticas que caracterizan la violencia basada en el género en el entorno virtual, que además de la suplantación y robo de identidad, o la exposición y difusión de datos personales, pueden afectar la vida e integridad, poniendo en riesgo físico a las personas y sometiéndolas a una forma de violencia psicológica.

Para superar esta realidad es necesario reeducar en lo digital, en la importancia del consentimiento en el entorno virtual, atender los traumas de la vida familiar o en la pareja, priorizar la salud mental en el marco de las políticas públicas y en las empresas, y propiciar una educación sexual integral como parte de los sistemas educativas centrados en la prevención de estas conductas y el desarrollo personal de la niñez y la adolescencia con un enfoque de derechos humanos e igualdad. Al mismo tiempo, con los docentes es necesario promover una estrategia pedagógica para dar respuesta y acompañamiento ante las violencias digitales, comprendiendo la construcción cultural que está en marcha.

En lo institucional se debe promover la denuncia temprana, sin minimizar la gravedad de la violencia digital, brindando la confianza para que puedan hacerlo en los casos en los que se requiera, y por otro lado, en crear y fortalecer regulaciones a las tecnologías, contribuyendo aprender a convivir en lo virtual. Las normas culturales y sociales marcan el termómetro de lo que se justifica, minimiza o se reproduce, de forma más enmascarada la culpa que las víctimas experimentan, por lo que se requiere implementar sistemas o entornos de ayuda y orientación que no revictimicen.

En lo personal tomar consciencia de los estereotipos, la desigualdad de oportunidades y la vulnerabilidad de las mujeres y las niñas en especial e histórica, es uno de los factores que requieren una atención técnica, para gestionar el cambio, que defina nuevas reglas para interactuar en la red, la conectividad es una necesidad que debe contemplar no perder los vínculos y reconstruirlos.

PhD. Emilio Carrillo. Docente de Psicología Clínica UIDE

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