El quid de la cuestión

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Prepararse significa asumir que la etapa más larga de nuestra vida será la adultez mayor.

Si la comparamos con la infancia o la juventud, nos damos cuenta de que nunca antes habíamos tenido la posibilidad de vivir tanto tiempo. Entonces, debemos prepararnos para que esa etapa sea la más interesante, la más plena.

Sin embargo, culturalmente seguimos educándonos como si la vida terminara a los 60. Nos preparamos para la adultez productiva, pero no para la longevidad. Y ahí aparece el gran desafío: diseñar una vida que no se agote en la jubilación, sino que se reinvente.

Prepararse implica entender que envejecer no es una enfermedad, sino un logro. Cada cumpleaños es una conquista biográfica. Pero para que esa conquista sea significativa, necesitamos anticiparnos: cuidar nuestro cuerpo, entrenar nuestra mente, cultivar vínculos y sostener propósitos. La longevidad sin proyecto puede volverse pesada; en cambio, cuando hay sentido, se transforma en oportunidad.

También significa revisar nuestras creencias. Durante mucho tiempo asociamos vejez con pérdida: pérdida de fuerza, de belleza, de rol social. Pero hoy sabemos que la adultez mayor puede ser una etapa de enorme creatividad, libertad y profundidad emocional. Es el tiempo donde muchas personas se animan a estudiar lo que postergaron, a emprender, a viajar distinto, a amar con otra madurez. No es un epílogo, más bien diría, es un capítulo central.

Prepararse es, además, asumir responsabilidad. No podemos delegar en el sistema de salud ni en la familia lo que depende de nuestras decisiones cotidianas. El movimiento, la alimentación, el descanso, el aprendizaje continuo y la participación social son inversiones a largo plazo. Así como ahorramos dinero para el futuro, también deberíamos ahorrar salud, vínculos y experiencias.

La pregunta entonces no es si vamos a envejecer, sino cómo queremos hacerlo. Tenemos por delante la posibilidad inédita de vivir décadas después de los 50. ¿Serán años de resignación o de expansión? La adultez mayor puede ser la etapa más interesante de nuestra biografía si comenzamos hoy a construirla. Prepararse es un acto de amor propio y, también, un compromiso con la vida que todavía nos espera.

Por Diego Bernardini./lasegundamitad.org

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