Una revolución humana

Si buscáramos una frase para resumir lo que viene, podría ser esta: el futuro es femenino además de longevo. No se trata de una consigna ni de una proyección lejana. Es una realidad demográfica que ya está transformando nuestras sociedades, nuestras economías y nuestras formas de vivir. . 

Las cifras al alcance la mano dicen algo así como que en 2036 habrá más personas mayores de 60 años que menores de 10, y que para 2050 la mitad de la población mundial tendrá más de 50 años. Nunca en la historia de la humanidad habíamos convivido con tantas generaciones al mismo tiempo. Y nunca habíamos tenido que repensar con tanta urgencia conceptos como trabajo, jubilación, productividad, cuidado, bienestar y propósito a lo largo de la vida.

Sin embargo, hay un dato que merece especial atención: el envejecimiento tiene rostro de mujer. En Argentina, por ejemplo, mientras el 20% de las mujeres supera los 60 años, entre los varones ese porcentaje no alcanza el 15%. Esto suele ser así en la mayoría de los países de la región. Y si observamos el índice de feminidad, encontramos una diferencia aún más marcada: por cada cien varones mayores hay 140 mujeres. La nueva longevidad es un fenómeno femenino, cerca del 85% de quienes reciben estos escritos cortos son mujeres, así son las cosas. 

Esta es una realidad que obliga a ampliar la conversación sobre longevidad. Porque parte de la misión y la transformación que nos toca tiene que ver con cambiar la cultura «edadista» que aún persiste.

Hablar de longevidad no es solo hablar exclusivamente de salud o de sistemas previsionales. Es hablar de cómo diseñamos ciudades, cómo organizamos los cuidados, cómo pensamos las trayectorias laborales y cómo construimos oportunidades para una población cada vez más diversa en edades y experiencias. También es reconocer que las mujeres serán protagonistas centrales de esta transformación.

El verdadero desafío es, entonces, construir una sociedad preparada para vivir mejor durante más tiempo. Entender que el futuro que ya llegó y será, al mismo tiempo, más longevo y más femenino. Por eso, y aunque no lo crean, somos nosotros, los de más cincuenta de hoy, que estamos abriendo un camino, una forma de ver y hacer, y los que fuimos signados para romper el statu quo con los que hemos crecido.

El futuro está en manos de los +50. Si eso no es una gran oportunidad, si, es en el día a día, de lo chiquito a lo grande. La historia nos regala la oportunidad de pisar más fuerte que nunca. Solo de nosotros depende, qué barrera vamos a aceptar y cuáles a reformular.

Por Diego Bernardini
Foto www.magnific.com

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