Consejos para que tu hijo deje de hablarse mal a sí mismo

Muchos niños se hablan mal a sí mismos al pensar que no son lo suficientemente buenos, inteligentes o capaces.

Recurren a palabras duras que, probablemente no dirían a otra persona. Con el paso del tiempo, este diálogo interno negativo puede afectar su confianza, su motivación y su bienestar emocional.

De ahí la importancia de enseñarles a reconocer esos pensamientos y a reemplazarlos por mensajes más amables, realistas y alentadores. Aprender a tratarse con comprensión y respeto es una habilidad que puede acompañarlos durante toda la vida. 

¿Por qué puede producirse?

El psicólogo Javier de Haro explica, vía Instagram (@psicologo_teayudoaeducar), que lo vivió en primera persona. Cuando su hijo estaba a punto de cumplir cinco años, atravesó una etapa en la que, cada vez que cometía un error, se decía a sí mismo que era tonto. Esta situación lo sorprendió, ya que nunca habían utilizado ese tipo de expresiones con él. Al contrario, siempre le habían transmitido que equivocarse es algo normal.

Sin embargo, al reflexionar sobre lo ocurrido, comprendió que el problema no estaba únicamente en los mensajes que le daban de forma explícita, sino también en el ejemplo que observaba cada día. Aunque le enseñaban a aceptar los errores con naturalidad, uno de los progenitores solía reaccionar ante sus propios fallos con comentarios despectivos hacia sí mismo, utilizando expresiones de autocrítica y desprecio.

Esta experiencia subraya tres aspectos fundamentales, según el experto. En primer lugar, que el ejemplo de los adultos tiene un impacto mucho mayor que cualquier consejo verbal.

En segundo lugar, que los niños perciben mucho más de lo que parece y elaboran sus propias interpretaciones a partir de lo que observan. Y, en tercer lugar, que cuando surge una preocupación relacionada con el comportamiento de un hijo, resulta esencial analizar primero de qué manera las conductas de los adultos pueden estar influyendo en él.

¿Cómo afrontarlo?

Por ello, es clave practicar un diálogo interno respetuoso y compasivo, especialmente delante de los niños. Hablarse con amabilidad, aceptarse, valorarse e incluso aprender a reírse de los propios errores son conductas que contribuyen no solo al bienestar personal, sino también al desarrollo emocional de los hijos, quienes aprenden principalmente a través del ejemplo.

Cuando presencian expresiones de autocrítica excesiva, descalificaciones o comentarios negativos hacia uno mismo, pueden llegar a interiorizar que esa es la forma adecuada de responder ante los fracasos o las equivocaciones.

Sin embargo, cuando ven a los adultos tratarse con comprensión, reconocer sus errores sin castigarse y buscar soluciones de manera constructiva, aprenden que equivocarse es una parte natural del proceso de aprendizaje y crecimiento. De esta manera, el lenguaje que sus progenitores utilizan para dirigirse a sí mismos se convierte en una gran herramienta educativa.

Esta actitud ayuda a los niños a desarrollar una autoestima más saludable, una mayor tolerancia a la frustración y una visión más flexible de sus propias capacidades. Además, les enseña que el valor personal no depende de hacerlo todo bien, sino de la capacidad de aprender, perseverar y seguir adelante a pesar de las dificultades.

Por lo tanto, dar ejemplo es fundamental para que los pequeños aprendan a tratarse a sí mismos pero también puedan ser más comprensivos con los demás. «Y da igual que le digas que no hay que hacerlo, que le intentes convencer de que es bueno o de que uses cuentos o historias para que lo entienda mejor… Si al final no somos coherentes entre lo que hacemos y decimos, la responsabilidad no está en ellos, sino en nuestro ejemplo», concluye el experto.

Por Sophie Fernández-Ser padres
Foto www.magnific.com

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