“Este es Antonio, de cinco años, tiene síndrome de Down, es ciego y está luchando por su vida desde el momento de la concepción”. Con estas palabras presentó Eloísa a su hijo ante el Papa León XIV, durante un emotivo encuentro que mantuvieron tras la llegada del Pontífice a Madrid el pasado sábado.
Sin haber asimilado aún lo ocurrido, Eloísa rememora en conversación con ACI Prensa los detalles de aquel inesperado encuentro que colmó a su familia de paz y esperanza. “Antonio es un conquistador. Es un niño que tiene mucha fuerza, mucho carácter y tiene las cosas muy claras”, señala su madre.
Nada más aterrizar en Madrid, y antes de visitar el centro CEDIA de Cáritas, el Papa mantuvo un encuentro privado con varias personas con discapacidad. “Era una oportunidad única para nosotros, un auténtico privilegio”, recuerda la familia.
Aunque inicialmente les habían advertido de que debido a la intensa agenda del Pontífice no sería posible saludarlos personalmente, el Papa quiso acercarse a cada uno ellos y escuchó sus historias con cariño y empatía.
“Nos invitó a apoyarnos en la cruz”
“Nos saludó a todos, nos dio la bendición y nos dedicó unas palabras. Nos dijo que él tenía especial empatía con las personas que estábamos cerca del dolor, que contáramos siempre con las oraciones del Papa y de la Iglesia, y con la esperanza de Jesucristo. Nos dijo que las personas que tienen una cruz son para él un ejemplo, y nos invitó a apoyarnos en esa cruz y que contáramos con que Dios nunca nos abandona y que el amor es lo más importante de todo”.
Cuando el Papa se acercó a Antonio, su madre lo cogió en brazos. “Yo estaba nerviosísima. Antonio tiene su carácter y no sabía cómo iba a reaccionar, porque sólo se va con la gente que conoce y tiene confianza. Son niños que al final, al no ver, tienen miedo y son más sensibles”, precisa.
Sin embargo, lo que ocurrió jamás lo habría imaginado. “Le dije: ‘Antonio, saluda al Papa’. Y él se tiró a sus brazos. El Papa lo abrazó, y Antonio le dio un beso”.
“Con una mirada que penetra, me dijo todo. Sólo con su mirada te dice que sabe perfectamente por lo que estás pasando, que se pone en tu posición. No te va a decir que no sea duro, pero quiere que sepas que merece la pena, y es eso lo que transmite”, cuenta Eloísa.
Subraya que su hijo “tiene una sensibilidad especial” y que percibió el “aura de santidad” del Pontífice. “Mi hijo no le da un beso a nadie. Es un niño muy cariñoso, pero con quien conoce y con quien le transmite tranquilidad”.
Del Pontífice, a quien regaló una cinta de la Virgen del Pilar, Eloísa destaca su inteligencia y sencillez: «Tiene una cosa que se le entiende perfectamente, y esa mirada, esa atención y esa escucha que hace como si fueras el único que existe en este mundo, incluso siendo él quien representa a Cristo en la tierra”.
Una historia de esperanza y luz en medio de la batalla
El camino hasta ese instante no ha estado exento de dificultades. Desde que los estudios confirmaron que su hijo tenía síndrome de Down, el matrimonio tuvo que afrontar con firmeza las reiteradas recomendaciones médicas de poner fin a la vida de su hijo antes de nacer.
“Te empiezan a decir de todo, prácticamente como si fuera un monstruo”, recuerda la madre con tristeza.
El matrimonio zaragozano se aferró a la vida y afrontó con valentía las dificultades del embarazo, agravadas además por las restricciones y la incertidumbre del confinamiento durante la pandemia del Covid.“Yo creo que son cuestiones éticas —añade—. Tienes un niño dentro que es tu hijo, es el mismo que era ayer, y que estabas deseando tener”.
Finalmente, el 5 de agosto de 2021, día de la Virgen de las Nieves, nació Antonio de forma prematura, por medio de una cesárea de urgencia. Además de la trisomía 21, el pequeño vino al mundo sin visión y con una grave afección ocular cuyo origen los médicos aún no han logrado determinar.
Nada más nacer, los médicos se lo llevaron para hacerle todo tipo de pruebas y una intervención en los ojos. “Pedí al sacerdote del hospital que lo bautizara”, recuerda Eloísa.
“Y ahora tiene cinco años. Parece más pequeñito porque va mucho más atrasado en todo, pero es un niño muy vivo y muy cariñoso, con mucho carácter. Por eso vive, porque ha luchado por su vida desde el momento de la concepción. Y ahí está. Es una ricura de niño”, comenta su madre.
Eloísa asegura que su hijo le ofrece una perspectiva distinta de la vida. “Yo ya me puedo morir en paz, he cumplido mi misión como madre. Mi hijo va a ir al cielo y ya es feliz. ¿Qué más quiero? Me encantaría que el mundo mire a Antonio como el Papa lo miró el sábado”, concluye.
Por Almudena Martínez-Bordiú








