«Quien retiene la vida sólo para sí mismo en realidad la pierde», León XIV

En el Ángelus del último domingo de junio, León XIV indicó tres actitudes necesarias para que el amor dé fruto: desprendimiento, pérdida y hospitalidad. En un mundo «obsesionado por el tener y poseer», el Pontífice instó a vivir la “lógica del don”, para engendrar vida nueva en nuestras relaciones.

Para dar fruto el amor requiere de al menos tres cosas: desprendimiento, pérdida y hospitalidad. Lo indicó el Papa León XIV en su alocución previa a la oración del Ángelus de hoy, 28 de junio, III domingo del tiempo ordinario.

Asomado desde la ventana del Palacio Apostólico, ante unos 20 mil fieles romanos y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, no obstante la tórrida jornada, el Pontífice reflexionó sobre el Evangelio que propone la liturgia del día que refiere algunas exhortaciones de Jesús para seguirlo y ser testigos de su Reino. “No se trata de actos exteriores, sino de comprometer todo nuestro ser en una relación de amor con Él”, puntualizó León.

La primera de las actitudes necesarias para lograr que el amor de fruto, es el desprendimiento. En el momento en que el Señor comienza a enviar en misión a sus apóstoles, dice el Papa, los quiere “libres de cualquier atadura” porque “también los afectos más importantes encuentran su plenitud gracias al amor que Cristo nos da”.

León XIV pone algunos ejemplos concretos, como la vida matrimonial y el crecimiento de los hijos, para indicar que solo “dejando” la casa de los padres o “perdiendo” a los hijos, ayudándoles a valerse por sí mismos y realizarse como personas es como se hace posible vivir plenamente. «Es cosa triste perder lo que amas; pero a veces también el agricultor pierde lo que siembra», afirma el Pontífice citando a San Agustín e indica:

Sólo “perdiendo” esa semilla, arrojada en la tierra, podrá verla florecer.

Vivir la lógica del don

De ahí que el amor es también pérdida. En un mundo “en el que perder parece ser una debilidad y se vive obsesionado por tener y poseer”, es algo que nos cuesta comprender, observa el Papa León.

Sin embargo, el amor da fruto sólo en la entrega: cuando estamos dispuestos a perder un poco de nuestro yo para hacer espacio al otro, a perder un poco de tiempo para escuchar a un amigo, a perder un poco de comodidad para compartir una situación de dificultad.

“Quien retiene la vida sólo para sí mismo en realidad la pierde, porque esta no se abre a la alegría del amor y se vuelve estéril” afirma a continuación. Y es por ello que Jesús “nos invita a abrazar la Cruz. Él se ofreció, se perdió a sí mismo y, precisamente así, nosotros hemos podido recibir su vida en abundancia”.

Del mismo modo, si vivimos en la lógica del don, también nosotros seremos capaces de engendrar vida nueva en nuestras relaciones.

Recibir al Señor acogiendo a los demás

La tercera y última actitud necesaria para hacer fructificar el amor es la hospitalidad. El amor, de hecho, se expresa en elecciones y acciones concretas, en un compromiso hecho de pequeños gestos cotidianos, como el de ofrecer un vaso de agua a quien tiene sed, dice el Santo Padre.

Relata que Jesús, al enviar a sus discípulos delante de Él, les pide que vayan sin provisiones, es decir, necesitados, porque de este modo podrán “suscitar hospitalidad” en aquellos que encuentren a su paso.

Y así, recibiendo a quien viene en nombre de Jesús, lo recibe a Él y al Padre celestial que lo ha enviado. El amor al Señor pasa siempre por la manera fraterna en que acogemos a los demás.

El Papa concluye invitando a rezar a la Virgen María, “que amó a su Hijo sabiendo también perderlo” para que “nos ayude a ser testigos humildes y alegres del amor de Cristo”.

fuente Vatican News

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