Tiempo Maestro

Vivimos en una época que rinde culto a la juventud, a la velocidad y a la idea de que todo lo valioso sucede antes de los cincuenta.

Sin embargo, la vida tiene otra lógica. En medio del mundial, pienso: Lionel Messi nos ofrece una enseñanza silenciosa. Su grandeza no radica únicamente en el talento precoz, sino en la manera en que ha transitado el tiempo. Hoy, más que el joven prodigio, vemos a un hombre que administra la energía, escucha su cuerpo y elige dónde poner sus esfuerzos. Algo similar ocurre en la segunda mitad de la vida.

Después de los cincuenta, y más aún después de los setenta, la salud deja de ser una carrera y se transforma en un arte de la regulación. Ya no se trata de hacer más, sino de hacer mejor. Messi podría correr menos que en sus primeros años, pero seguro entiende mejor el juego. 

Las personas que envejecen saludablemente también aprenden a elegir: qué vínculos cuidar, qué actividades sostener, qué batallas abandonar y qué deseos todavía merecen ser perseguidos.

Hay otra enseñanza valiosa: la experiencia. En el deporte, como en la vida, los años restan velocidad pero agregan perspectiva. Un hombre o una mujer de setenta u ochenta años posee un capital que no aparece en ningún laboratorio ni en ningún estudio médico: la experiencia vivida. Cuando esa experiencia se comparte, cuando se transmite a hijos, nietos, amigos o comunidades, la persona conserva un lugar activo y significativo en el mundo.

Messi también nos recuerda la importancia del equipo. Ningún jugador gana solo, y ninguna persona atraviesa la segunda mitad de la vida en soledad sin pagar un costo. Los vínculos, las conversaciones, los afectos y la sensación de pertenencia son tan importantes para la salud como la actividad física o la alimentación. Envejecer bien implica construir redes, pedir ayuda cuando es necesario y seguir formando parte de algo que nos trascienda.

Apuesto a que el verdadero éxito es habitar el paso del tiempo con dignidad. Messi no intenta jugar como a los veinte años; juega como el hombre que es hoy. De la misma manera, la segunda mitad de la vida nos invita a abandonar la nostalgia de lo que fuimos para descubrir la potencia de lo que todavía podemos ser.

  Abrazo mundialista, Diego Bernardini.

Imagen generada con Gemini AI

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