Cada vez es más frecuente escuchar advertencias sobre las sombras que acompañan la decisión de tener hijos.
La independencia, el desarrollo profesional o la comodidad de la vida cotidiana son argumentos que amenazan con paralizar a quienes contemplan la posibilidad de formar una familia.
Es cierto que una decisión así implica renuncias y sacrificios. Tener que posponer ese viaje largamente soñado, reducir los caprichos materiales o reorganizar por completo la propia vida y el tiempo son aspectos importantes y tampoco conviene ignorarlos. Pero quizá hoy en día todo ello se haya magnificado demasiado, hasta el punto de que resulta casi imposible advertir los muchos regalos y beneficios que supone dar ese salto.
Un gesto de cariño de un hijo, una pequeña victoria, un beso de buenas noches o un perdón sincero son suficientes para demostrar que, muchas veces, dar no siempre es en vano.
No todo se reduce a gastos y a limitaciones, los padres también reciben mucho de sus hijos y descubren propósitos más grandes que los que marcan sus propias ambiciones.
1 Los hijos sacan lo mejor de nosotros mismos.
A través de sus preguntas, errores y descubrimientos, los padres aprendemos, crecemos, asumimos nuevos retos y nos replanteamos nuestras prioridades.
2 Sentido de propósito: la razón de ser de cada día.
Cuidar y educar a un hijo brinda un motivo profundo para esforzarse cada día. Nos impulsa a planear a largo plazo y a construir un futuro estable para la familia.
3 Un hogar construido sobre las alegrías cotidianas.
Sus pequeñas victorias y alegrías se convierten en las nuestras. Los hijos pueden ser una verdadera fuente de felicidad y orgullo en lo más sencillo de una vida plena.
4 Se enriquecen todas nuestras relaciones sociales.
Los hijos no solo desarrollan un vínculo único con sus padres. Además, crean nuevas relaciones que os enriquecen y acompañan en distintas etapas de la vida.
5 Compañía, alegría, vida: en familia nadie está solo.
Un remedio contra la soledad no deseada es la compañía, el afecto y el apoyo emocional que brindan los hijos a lo largo de su vida. Una familia unida, también en la vejez.
6 Nuestros hijos harán del mundo un lugar mejor.
A través de una educación desde el amor y los valores, los padres contribuimos a formar personas que algún día influirán positivamente en el conjunto de la sociedad
7 En la familia, cada vida tiene valor sólo por existir.
Reivindicar el valor de nacer es reconocer la vida como valiosa en sí misma. Incluso en medio de las dificultades, vivir, amar y dar seguirá valiendo siempre la pena.








