Un día triste para la dignidad de la vida humana.
Francia legalizó este 15 de julio la eutanasia y el suicidio asistido, tras la aprobación definitiva en la Asamblea Nacional de una ley sobre el final de la vida que la convierte en uno de los pocos países de Europa con esta práctica, junto con Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y España. La votación concluyó con 291 votos a favor y 241 en contra.
La aprobación puso fin a un prolongado bloqueo entre la Asamblea Nacional y el Senado, que había rechazado tres veces el texto. El 7 de julio, la cámara alta aprobó por estrecha mayoría una moción para desechar el proyecto y pedir al gobierno que pusiera fin al proceso legislativo, pero el primer ministro Sébastien Lecornu recurrió a la Constitución para dar la última palabra a la Asamblea.
La votación del 15 de julio no cierra definitivamente el asunto. Lecornu anunció que someterá parte del texto al Consejo Constitucional, con el apoyo del presidente del Senado, Gérard Larcher, preocupado por la cláusula de conciencia aplicada a centros sanitarios y sociales que acompañan el final de la vida. La ley no podrá promulgarse hasta que concluya este examen.
La ley contempla tanto la eutanasia, administrada por un médico o enfermero, como el suicidio asistido, en el que el propio paciente se administra una sustancia letal. Para acceder, la persona debe ser mayor de edad, residente estable en Francia, padecer una enfermedad grave e incurable en fase avanzada o terminal, sufrir de forma no aliviable con los tratamientos actuales y mantener la capacidad de expresar una decisión libre e informada.
En paralelo, se aprobó una medida para ampliar el acceso a los cuidados paliativos, con un respaldo mucho más amplio en el Senado. Este texto busca responder a la carencia de unidades de cuidados paliativos en más del 20% de los departamentos franceses, una realidad denunciada reiteradamente por la Conferencia Episcopal de Francia, que advierte que la nueva ley representa una amenaza para los más frágiles.








