¿Por qué la adicción no puede reducirse simplemente a una «falta de voluntad»? Un especialista en adicciones responde y nos dice qué podemos hacer al respecto
Cuando la adicción entra en el hogar, parece hacerlo en silencio, hasta que lo inunda todo. La primera reacción en el hogar suele ser una mezcla dolorosa de frustración, culpa y desesperación; y aunque es normal, debemos centrar nuestra mirada en acompañar a quién vive en adicción.
«Es que no quiere salir de esto», «le falta fuerza de voluntad». Estas frases se repiten con gran eco, repercutiendo en cada conversación. Sin embargo, juzgar la adicción desde la óptica de la debilidad moral es el primer obstáculo para sanar, ya que hay un trasfondo muy amplio cuando aparece una adicción.
La adicción: más que una «falta de voluntad»
Para comprender cómo ayudar realmente a un ser querido, el primer paso es cambiar la mirada. La adicción no es un capricho ni una simple «falta de voluntad»; es una enfermedad compleja que altera profundamente el cerebro, la voluntad y el espíritu de quien la padece. Nadie elige voluntariamente perder el control de su vida.
El especialista en adicciones Ramón Salcido, del Instituto Superior Salesiano, compartió para los lectores de Aleteia que «el consumo repetido de sustancias adictivas, como, drogas, alcohol y tabaco, generan cambios neurológicos que provocan la adicción, superando la voluntad del individuo».
Explicó que el desarrollo de una adicción también tiene un impulso gracias a factores como la disponibilidad de las sustancias, intereses económicos del narcotráfico, presión social, y condiciones personales, familiares o culturales, provocando heridas en la persona.
Indicadores y grados de adicciones
Existen once factores que analizan los especialistas, ya que pueden indicarnos cuando una persona está siendo envuelta en algún tipo de adicción. Entre ellos:
Una sola copa no implica adicción, pero factores como la potencia de la sustancia (especialmente en opioides como el fentanilo o heroína), la predisposición individual y la edad temprana (menor a 20 años) incrementan significativamente el riesgo de volverse adicto.
¿Cómo acompañar en la lucha contra la adicción?
El especialista en adicciones Ramón Salcido nos compartió algunos consejos sobre qué podemos hacer para ayudar a alguien en su proceso de adicción.
1 Obrar como el buen samaritano
Ramón recomienda que entendamos sin juzgar y mostremos compasión, viendo con caridad a la persona con adicción. Acercarnos y hacerle saber al otro que queremos ayudarlo y acompañarlo.
Para ello, compartió dos tipos de ayuda en estos casos:
- Facilitarle a la persona el caer en la conciencia de que ha perdido el control, respetando y ayudandole a que tome la decisión de pedir ayuda.
- Ponerlo en manos de personas con buena voluntad: es decir, darle la ayuda especializada de acuerdo a su nivel de adicción. Desde un psiquiatra hasta un grupo de ayuda como los grupos de 12 pasos o bien centros católicos especializados.
2 Ofrece una red de apoyo
Esta red se construye a base de una buena amistad o de un grupo de personas que hayan afrontado o estén afrontando la batalla contra una adicción. Esto hará que la persona se sienta acompañada y entendida por personas que enfrentan la misma lucha.
3 Acompañamiento espiritual
«Es entender que todos necesitamos redención y ayuda», así lo especificó Salcido, por lo que hará bastante bien a la persona. «La manera espiritual de enfrentarlo tiene que ver más con huir de la tentación que con fortalecerse para enfrentarla». Añadió.
4 Un manual de prevención y acompañamiento
La Iglesia muestra su cercanía con las personas que enfrentan esta batalla. De modo que surge una colaboración entre el CELAM y más de 200 colaboradores expertos en Latinoamérica, dirigido por el Pbro. Charlie Olivera.
En el manual podemos informarnos, aprender, acompañar y prevenir una adicción. A continuación podrás encontrar el link del manual: «Recibir la Vida Como Viene» de la Pastoral Latinoamericana.
¿Cómo prevenir una adicción?
Ramon Salcido, compartió que la prevención se lleva a cabo creando entornos saludables donde los hijos se sientan queridos, citando también a don Bosco quién repetía «no basta con amar a los jóvenes, es preciso que se sientan amados».









