La segunda mitad de la vida nos enfrenta a una verdad que, de jóvenes, solemos intentar esquivar: la vida no siempre responde a nuestros planes.
Hay decepciones que llegan en forma de un diagnóstico, de una separación, de un proyecto que no prosperó o de una amistad que se desvanece. Durante mucho tiempo creemos que vivir mejor consiste en evitar el dolor. Con los años entendemos que la verdadera fortaleza está en desarrollar la capacidad de atravesarlo sin que defina quiénes somos.
Aceptar no es resignarse. Son dos conceptos profundamente distintos. La resignación supone bajar los brazos; la aceptación implica dejar de gastar energía luchando contra aquello que ya ocurrió para empezar a preguntarnos qué podemos construir a partir de esa nueva realidad. En medicina vemos con frecuencia que las personas que mejor atraviesan las crisis no son necesariamente las que tuvieron menos dificultades, sino las que aprendieron a convivir con la incertidumbre sin perder el sentido de su vida.
Existe una madurez emocional que solo aparece cuando dejamos de exigirle al mundo que sea exactamente como lo imaginamos. Esperamos que las personas no cambien, que el cuerpo responda como antes, que el trabajo nos devuelva siempre el esfuerzo invertido o que el amor permanezca inmune al paso del tiempo. La aceptación no elimina la tristeza, pero evita que esa tristeza se convierta en resentimiento.
La longevidad nos obliga a desarrollar una nueva habilidad: la flexibilidad.
Viviremos más años que las generaciones anteriores, pero también atravesaremos más cambios, más despedidas y más reinicios. Quien no aprende a aceptar termina viviendo en permanente conflicto con la realidad.
Las decepciones no son un error del camino, sino parte del camino. No podemos elegir todo lo que nos sucede, pero sí la actitud con la que respondemos. Y esa diferencia es enorme. Porque la serenidad nace de la confianza en que, incluso después de ellas, seguimos siendo capaces de encontrar sentido, construir vínculos, aprender y volver a empezar.
Por Diego Bernardini.-lasegundamirad.org








