La diálisis es parte de la historia

Cuando se habla de enfermedad renal crónica, casi toda la discusión gira en torno a la diálisis; sin embargo, ese enfoque evidencia una de las principales fallas del sistema de salud: seguimos reaccionando cuando la enfermedad ya avanzó, en lugar de atender integralmente a las personas que conviven con ella.

La diálisis es indispensable, pero no es suficiente; ningún paciente recupera calidad de vida únicamente por recibir tres sesiones semanales de tratamiento. La enfermedad renal también impacta la alimentación, la salud mental, la estabilidad económica, la vida familiar y la capacidad de continuar trabajando o estudiando. Ignorar estas dimensiones significa ofrecer una atención incompleta.

Un paciente renal necesita mucho más que una máquina, requiere nutrición especializada para prevenir complicaciones, apoyo psicológico para afrontar una enfermedad que cambia por completo su proyecto de viday un entorno familiar fortalecido que pueda acompañar un tratamiento tan exigente. Esa es la diferencia entre mantener con vida a una persona y realmente cuidar de su salud.

El problema es que en Ecuador seguimos atrapados en una lógica de emergencia; donde la prevención continúa siendo insuficiente, el diagnóstico suele llegar tarde y las enfermedades que más dañan los riñones, como la diabetes y la hipertensión, continúan creciendo sin una respuesta proporcional del sistema sanitario. Mientras tanto, miles de pacientes dependen de un modelo que resuelve la urgencia, pero no garantiza una atención integral.

A esta realidad se suma una crisis que no puede normalizarse, la deuda de más de 400 millones de dólares que el Estado mantiene con las clínicas dializadoras compromete la sostenibilidad de los prestadores y pone en riesgo la continuidad del tratamiento de cerca de 20.000 ecuatorianos que no pueden esperar. Para ellos, cualquier retraso administrativo puede traducirse en una complicación grave o, incluso, en la pérdida de la vida, pues la diálisis es un tratamiento que suple una función vital, no es un tratamiento complementario.

La discusión, por tanto, no debería limitarse a cómo pagar una deuda acumulada; la verdadera pregunta es por qué seguimos hablando únicamente de diálisis cuando el país necesita una política pública que priorice la prevención, el diagnóstico oportuno y la atención integral del paciente renal. Mientras no entendamos que la enfermedad renal se trata mucho antes de llegar a una máquina, seguiremos administrando una crisis en lugar de resolverla.

La diálisis salva vidas, pero un sistema de salud que solo garantiza diálisis llega demasiado tarde.

Por Dr. Dario Jiménez.
Foto www.magnific.com

Edición

Multimedia

OMARSA

Del Portal

FASINARM