¿Por qué un consejero puede ayudarte a resolver tu vida?

Cuando en la vida aparecen las dificultades, un consejero puede ser de gran ayuda para resolver situaciones en las que dos cabezas piensan mejor que una

Diferencias entre el consejero y el director espiritual

Es necesario recordar que un consejero es distinto del director espiritual. ¿Cuáles son las diferencias más notables? Veamos:

1 El mejor director espiritual: un sacerdote

Un director espiritual suele ser un sacerdote porque su principal función será ayudar a la persona a profundizar en su relación con Dios para llegar a la santidad.

Por su naturaleza, puede escuchar su confesión, imponerle penitencias, sugerirle métodos de oración, retiros espirituales, acercamiento con grupos de la Iglesia para que se forme en la fe o, en casos muy raros y extremos, canalizarle con un sacerdote exorcista si se requiriera.

Pero también está mejor capacitado para motivar a su dirigido a vencer vicios y pecados habituales porque puede brindarle acompañamiento durante varios años.

Lamentablemente, por la enorme cantidad de fieles que debe atender cada sacerdote, resulta muy complicado acudir con regularidad a una sesión de dirección espiritual.

Añadamos, entonces, que es necesario que oremos para que Dios suscite muchas vocaciones al sacerdocio y santifique a nuestros presbíteros.

2 El papel del consejero

Sin embargo, en algunas adversidades en las que no encontramos la puerta, podemos acudir a un consejero, ¿qué puede hacer este?

En primer lugar, para estos casos puede servir muy bien un laico, una religiosa o religioso, un profesional en psicología o quizá alguien sin profesión, joven o adulto, hombre o mujer, no importa porque su labor principal será ayudar a la persona que lo consulte a resolver un problema específico, a tomar una decisión urgente o a sanar un conflicto puntual.

San Pablo entendía bien esta cuestión:

Respecto a vosotros, hermanos, yo personalmente estoy convencido de que rebosáis buena voluntad y de que tenéis suficiente saber para aconsejaros unos a otros (Rom 15, 14).

Es decir, esa persona nos brindará su opinión sobre algún asunto que nos aqueje. Así mismo, tendremos el punto de vista de alguien más que habrá pensado en una solución distinta, por eso «dos cabezas piensan mejor que una».

Por eso, su función será temporal, incluso la consulta pudiera ser una sola, pero lo principal es que debe tratarse de una persona con firmes principios éticos, y, si es católico practicante, mucho mejor, porque podrá dar un punto de vista fidedigno, basado en las enseñanzas de Cristo y de la Iglesia.

Alguna vez todos necesitaremos de un consejo o de una corrección, si nos conducimos como lo asevera el libro de los Proverbios:

La insolencia provoca conflictos, el sabio se deja aconsejar (Prov 13, 10).

El Consejero por excelencia

Pero, indudablemente, no habrá nadie mejor que Jesús. Ante una necesidad grande, ve al sagrario y ponte de rodillas ante el Santísimo Sacramento, y ahí, con mucha humildad y entera confianza, exponle al Señor tus problemas. Él te inspirará eficazmente para que tomes la mejor decisión y actúes de acuerdo con su voluntad.

Fuente Aleteia
foto www.magnific.com