¿Y si hacer teatro cambiara tu vida cotidiana?

Desarrollar la confianza en uno mismo, salir de la rutina, conocer gente nueva o simplemente darse un respiro cada semana… El teatro atrae cada vez a más adultos, quienes encuentran en él mucho más que una simple actividad.

El teatro no es el país de lo real: hay árboles de cartón, palacios de lona, un cielo de harapos, diamantes de vidrio, oro de oropel, rubor en el pómulo, rojo en la mejilla, un sol que sale de debajo de la tierra. Es el país de lo verdadero…», escribía Víctor Hugo. Cada inicio de temporada, este «país de lo verdadero» atrae a nuevos viajeros. En las compañías de teatro, las puertas se abren a personas de todos los orígenes: algunos suben al escenario por primera vez, otros retoman una pasión que habían dejado de lado durante sus estudios, su vida laboral o su vida familiar. ¿Qué tienen en común? Todos buscan mucho más que un simple pasatiempo.

Ganar confianza y conocerse mejor

El primer beneficio que se menciona aparece casi siempre: la confianza en uno mismo. A los 26 años, Diane, ingeniera en biología, nunca pensó que algún día subiría al escenario. «Me lancé un poco por impulso. Tenía ganas de hacer algo diferente», le confiesa a Aleteia.

El momento decisivo se produjo cuando participó como bailarina en una obra de teatro. Al observar a los actores desenvolverse en el escenario, surgió un deseo: ¿por qué no intentarlo ella también? Entonces decidió dar el paso. «Nunca es fácil subir al escenario, encarnar a un personaje, pero poco a poco vas ganando confianza en ti mismo. También te permite expresarte mejor, incluso hablar con mayor claridad en la vida cotidiana».

Lo mismo le pasa a Isabelle, de 51 años. El teatro forma parte de su vida desde que tenía 19 años. Se formó en el Cours Florent y en la École du One Man Show, y ha actuado en París, enseñado stand-up y dado clases durante varios años, tanto en la región de Île-de-France como en el suroeste. «En las clases de teatro hay muchos ejercicios corporales. Se trabaja la voz, la respiración y la postura. La confianza en uno mismo se va desarrollando poco a poco. Es excelente para alguien tímido. Aprenderá a afianzarse y a ocupar su lugar», explica.

Una idea que resumió a la perfección el famoso director de teatro Constantin Stanislavski: «Ama el arte que hay en ti, y no a ti mismo en el arte». En otras palabras: el teatro no es una búsqueda de la perfección, sino una formidable escuela para el autodescubrimiento.

En el escenario, todo es posible. Ser rey, médico, ladrón, heroína romántica o un personaje completamente disparatado… «El teatro te permite convertirte en otra persona», sonríe Isabelle. Esa libertad también le atrae a Simon, de 28 años, un exanalista financiero que ahora se dedica al teatro. Apasionado desde siempre por las tablas, cuenta el momento decisivo que cambió su vida: «Un día, un actor vino a impartir un curso de capacitación en mi empresa. Al verlo, me dije: este curso lo habría hecho mejor yo». Desde entonces, cambió de rumbo. Aunque considera que «quizás el teatro no sea para todos», está convencido de que practicarlo permite explorar otras facetas de la propia personalidad. «También se aprende a estar más en sintonía con las propias emociones y a expresarse cuando es necesario».

Aprender un texto, escuchar a los compañeros, improvisar, memorizar movimientos… El teatro también estimula constantemente el cerebro. Marie-Victoire, de 27 años, enfermera de salud ocupacional, había practicado teatro en la preparatoria antes de tomar un descanso durante sus estudios. Hoy en día, ya no duda de sus beneficios: «El teatro te permite superarte, manejar el estrés y ejercitar mucho la memoria. Para un estudiante, es una verdadera ventaja». Las investigaciones científicas apuntan en la misma dirección. Un estudio publicado en mayo de 2026 por investigadores del University College London muestra que las actividades artísticas regulares podrían contribuir a preservar la salud general al influir, en particular, en el envejecimiento biológico.

 
Como decía el dramaturgo francés Jean Cocteau: «El teatro es el primer suero que el hombre ha inventado para protegerse de la enfermedad de la angustia». Una frase que se hace eco de lo que viven muchos actores aficionados: más allá de la actuación, el teatro ofrece un espacio donde se puede compartir y crear vínculos. «El teatro une a la gente. Cuando actuamos en el escenario, la familia, los compañeros de trabajo y los amigos vienen a vernos. Después, compartimos una comida. Crea vínculos sociales», señala Isabelle.

Charles, de 25 años, estudiante de ingeniería digital en París, lo confirma: «Es una excelente manera de conocer gente». Apasionado de los juegos de rol, buscaba una forma de seguir con esta actividad cuando descubrió, en un grupo de Facebook, un anuncio de la compañía Les Types Louches. Un año después, sigue formando parte de la aventura. «Me gusta muchísimo. Nos la pasamos muy bien entre actores. Es realmente gratificante trabajar todo el año en una obra y finalmente representarla».

Para otros, el teatro también representa un encuentro consigo mismo. Unas horas en las que las preocupaciones laborales se quedan afuera. A Diane le gusta especialmente este respiro: «Es agradable tener una actividad fuera del trabajo y dar vida a un proyecto».

Mucho más que un simple pasatiempo, el teatro es, ante todo, una aventura humana: no se trata solo de aprender un texto o interpretar a un personaje, sino de conocerse mejor a uno mismo, escuchar a los demás y encontrar su lugar. Tanto en el escenario como entre bastidores, cada uno avanza a su propio ritmo. Así que, para quienes aún dudan en dar el paso y unirse a una compañía, lo más difícil suele ser dar el primer paso.

Por Anna Ashkova-Aleteia
Foto www.magnific.com